Casa y Jardín: ponga un afgano en su vida

¿Se despierta usted de madrugada con la impresión de que el mundo anda del revés y nada tiene sentido? No lo dude más: es el momento perfecto de incorporar un afgano a su hogar.

Los afganos son cultivos bastante robustos, aguantan bien el transporte en las condiciones más extremas de lluvia o sequía, se adaptan sin protestar y desde el primer momento llenan el ambiente de exotismo persa. Cuidar de un afgano hace también que se recapacite sobre el valor y las ventajas de las propias oportunidades y del estilo de vida que se lleva.

Sin embargo, antes de incorporar un afgano a su hogar es conveniente estudiar la compatibilidad con otros cultivos ya existentes. Si, por ejemplo, tuviera usted ya en casa un alemán grande de mediana edad, lo más recomendable sería decantarse entonces por un afgano bajito, feúcho y quizás un poco maltratado, para minimizar así la sensación de competencia. El alemán tomaría entonces una posición protectora y podría ocuparse de los asuntos digitales relacionados con la telefonía del afgano.

Para iniciar el cuidado, el primer día se recomienda regar abundantemente, con agua sin gas o té negro, y fertilizar con un poco de ensalada y pan pita. A partir del segundo día se pueden incorporar patatas y cordero a la dieta. Si se prefiere fertilizar con pollo y arroz, asegúrese de que este último sea de grano largo, que es en general el preferido. Atención: sea moderado con los tomates, algunos afganos pueden rechazarlos.

El afgano se adapta bien como cultivo de interior, siempre que se encuentre en ambiente soleado. En cualquier caso es beneficioso que le dé el aire al menos una vez al día. Al contrario que los cactus, el afgano no tolera bien las radiaciones televisivas, es preferible ofrecerle conversación y mostrarle álbumes de fotos. Si se le proporciona la justa sensación de bienestar, el afgano se desprenderá en poco tiempo de sus miedos y preocupaciones y podrá florecer. Ver un afgano florido es como ver la sonrisa de un bebé: compensa por todas las noches de insomnio.

El único inconveniente de plantar un afgano en su vida será tener que cumplir con las exigencias gubernamentales de trasplantarlo de nuevo. Las autoridades botánicas con experiencia directa en el cuidado de estos especímenes están de acuerdo en que la integración del afgano es más rápida y fructífera si se le permite echar raíces, pero, en este mundo materialista, ¿quién hace caso a un jardinero hoy en día?

Un comentario

  1. Chema · marzo 27, 2016

    Toda una periodista!!,… Más de un periódico se rifaría un artículo como este!!,!. Enhorabuena Karen!

    Le gusta a 1 persona

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