Cultura: malentendidos

No es necesario que se trate de culturas diferentes, los malentendidos pueden darse también entre personas que, supuestamente, pertenecen al mismo ámbito cultural. Así, si un pueblo segoviano publica en su programa de fiestas el evento “bailes populares con dulzaina y tamboril”, un veraneante madrileño podría dejarse llevar por la idea de que sobre el escenario aparecerá un grupo folclórico de bailadores, cuando la realidad es que sólo estarán el dulzainero y el tamborilero, y será el público asistente el que realice los bailes.

Lo importante ante estos malentendidos es permanecer relajado, sonreír, aprender, y, dado el caso, participar del baile.

De esta manera, si usted invita a un afgano a su casa y quiere servirle té negro por primera vez, sin haber visto previamente cómo lo prepara el propio afgano, será inevitable que usted deje reposar el té entre 3 y 4 minutos, como es su costumbre. El afgano, por su parte, se pondrá un poco más de azúcar que la habitual y, por respeto a su hospitalidad, tragará el brebaje sin rechistar. Pregunte, insista y pregunte, hablando se entiende la gente, y el afgano prefiere el té ligero, apenas un minuto de reposo.

Si el afgano habla maravillas sobre el arroz de grano largo y menciona en concreto el basmati indio, cocine usted patatas o pasta. El arroz al que el afgano se refiere es muy particular, debe estar en remojo 2 horas antes de la cocción, y sólo se encuentra en tiendas especializadas. Un basmati vulgar de supermercado, al cabo de una hora en remojo, comenzará a descomponerse…

Si por fin el afgano le invita a compartir su mesa, recibirá usted un platazo de arroz puro, una cuchara, un tenedor, y a su alrededor habrá cuatro o cinco platos más con ensalada, pollo en salsa, yogur o verduras. Sírvase de estos platos como si pinchara tapas, póngase una ración de pollo sobre el arroz, y proceda a separar la carne del hueso sin exigir un cuchillo. Ah, el yogur no es el postre, es para aderezar la ensalada.

Cuando el afgano le sirve bombones, chocolatinas o galletas con el té, lo hace por cortesía, no porque él mismo se pase el día comiendo dulces. No le regale otro paquete de galletas, o tendrá que comerlas usted durante semanas cada vez que le visite.

Los malentendidos horarios se evitan utilizando la nomenclatura de estaciones y aeropuertos, es decir, 10:30 y 22:45. El punto de encuentro debe ser lo más preciso posible. “Quedamos en la estación” debe ser para ambos el recibidor principal de la estación de trenes, no “camino del intercambiador de autobuses” para usted y “camino del aparcamiento de visitantes” para él. Además conviene que ambos tengan el teléfono móvil cargado y disponible para que, caso de producirse el malentendido, se puedan volver a aclarar las cosas lo antes posible.

Ante una situación inesperada, haga como con la educación infantil, evite siempre comentarios negativos del tipo “no es así” o “no está bien” y anuncie: “Oh, interesante. Nosotros aquí también lo hacemos de esta otra manera”.

No se corte usted, pregunte, explique, pregunte de nuevo, todas las muestras de interés son bienvenidas. Un malentendido puede hacer que se pierda algo de tiempo, pero NUNCA debe hacer que se pierdan los nervios ni el respeto.

Superado el malentendido, quedará entonces una anécdota chistosa que contar en su blog.

Un comentario

  1. José María Alfaro Roca · abril 20, 2016

    ¡ lo que se aprende contigo !… Eres una magnífica reportera ¡ Besos de «un alcarreño» que te quiere un montón.

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