Trámites 1: la salud no se tramita

Jakob es uno de los pocos afortunados refugiados afganos que ha recibido del gobierno alemán el estatus de “protección subsidiaria”. En nuestro círculo más próximo sólo conocemos de cerca el caso de su falso hermano Sadik, con quien mantenemos contacto esporádico, ya que conviene tener amigos hasta en el infierno.

Lo primero que Sadik hizo, con ayuda de un voluntario, fue abrir una cuenta en la Caja de Ahorros, así que nosotros también. Es una cuenta sencilla, no piden muchos datos, la empleada que nos atiende no se esfuerza en explicar nada que requiera traducción, bastan un par de firmas y cuatro días después Jakob tiene su primera tarjeta bancaria. Sólo debe recordar imprimir esporádicamente los extractos de cuenta, porque si no lo hace, se los mandan por carta y le cobran el sello.

Con el número de cuenta y la carta del Departamento de Inmigración vamos al edificio del Landratsamt, la autoridad responsable de los habitantes de la provincia, para dar a Jakob de alta en el paro y pedir ayuda social. La ventanilla que se encarga de estos trámites se llama “Job Center”, y Jakob dependerá de ella los próximos años, mientras hace el curso de integración, y mientras haga F. P., hasta que encuentre empleo.

En el Job Center nos encontramos con la primera curiosidad del proceso para refugiados: Jakob va a necesitar un carnet que demuestre su permiso de residencia, pero elaborar este carnet parece ser tan complicado (uf, quizás tarde un año) que entre medias se tramita un carnet ficticio de residencia. Jakob dice que ha visto uno de otra persona, y que es azul (el documento de identificación que tiene él hasta ahora es verde). El Job Center comienza a tramitar la ayuda social a partir de la carta de Inmigración, pero en cuanto Jakob reciba el carnet azul ficticio (uf, quizás en ocho semanas), hay que llevárselo para fotocopiar. El carnet azul se recoge (con cita anunciada por carta) en otra ventanilla del mismo edificio, pero ya sabemos todos que la comunicación entre diferentes ventanillas es complicada y es mejor que el propio implicado se pasee de una planta a otra.

Realizado lo más gordo del papeleo, el Job Center nos entrega una lista con seguros médicos asociados a la seguridad social, para que elijamos uno, comencemos los trámites allí y lo comuniquemos aquí después. En Alemania no todo el mundo pertenece a la seguridad social, hay quienes, obligados por su tipo de empleo o por su sueldo, sólo pueden pertenecer a un seguro privado.

De momento el seguro lo paga el propio Job Center, pero para cuando Jakob tenga una empleo, conviene comparar rápidamente en internet las prestaciones y las cuotas. Eso lo hace mi marido, que es un experto en análisis de este tipo de datos, y al día siguiente Jakob y yo nos plantamos en la filial elegida e iniciamos los nuevos trámites. Hm, no tenemos foto para la tarjeta del seguro y además parece que nos falta un papel del Job Center. Pero no pasa nada, esto también lo conozco, es el famoso: “vuelva usted mañana”. No podía fallar en este juego de las ventanillas.

Aún estamos liados con este papeleo cuando llega una llamada de Kabul: la madre de Jakob se ha puesto muy enferma, la han llevado al hospital, pero el tío (hermano de ella) considera que no la están atendiendo bien y quiere llevarla a Pakistán. La comunicación telefónica se interrumpe durante varios días. Jakob sufre una crisis.

Cuando el tío llama de nuevo por fin, la madre está de vuelta en la casa, pero no se sabe lo que ha tenido, podría ser del corazón. Jakob consigue hablar dos minutos escasos con su madre, que sólo explica que se desmayó. Todo es oscuro e incierto. Lo peor: los gastos médicos se han pagado con la venta de joyas de la cuñada de Jakob.

En farsi no existe la palabra cuñada, siempre hay que decir “mujer de mi hermano” (no es discriminación, tampoco existen cuñado ni suegro, ni suegra, hay que decir “madre de mi marido” y así). Jakob anuncia dos veces: “mujer de mi hermano, buena mujer”. Le pregunto el nombre de su cuñada: Hamida.

Diez días después la madre está hospitalizada de nuevo en Kabul, tampoco se sabe lo que tiene, todo es vago y difuso, el contacto telefónico se interrumpe de nuevo durante varios días. Jakob me busca, desesperado, necesita alguien con pasaporte para hacer una transferencia: entre un amigo y él han juntado dinero para que el tío pague los gastos del hospital sin que Hamida tenga que vender más joyas.

Jakob llora: “mi madre muerta, ¿qué hace mi tío con mis hermanos?”

Un comentario

  1. Yecla · mayo 19, 2016

    ¡Qué complicado es todo! Y qué historia tan triste la de este chico.

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