Trabajar o no trabajar

Después de que yo le proporcionara el anuncio de un minijob, nuestro querido ayudante Herr Frosch llevó a Jakob en coche a entrevistarse con el manager de un hotel y éste le dijo al joven afgano que fuera de prueba al viernes siguiente, que trabajaría junto con un iraní (hablante de farsi) que ya lleva tres años en el puesto.

Así que al viernes siguiente esperé a Jakob a la salida de la escuela y fuimos paseando juntos hasta el hotel, siguiendo las vías del tranvía y haciendo hincapié en las paradas de ambos sentidos. El pobre Jakob andaba con la cabeza en otro sitio (concretamente en Kabul, pues había hablado con su tío por la mañana), no se orientaba, y casi no reconoció la entrada al local. Le hice memorizar el horario del último tranvía y, por si llegara tarde a cogerlo, le insistí en que no perdiera de vista las vías y le aseguré que cuando él acabara, a las 23 h, yo estaría despierta con el chat encendido, por si él tuviera dudas o quisiera desahogar sus penas. Jakob me dio las gracias tres veces: por acompañarle, por explicarle todo con detalle y por esperarle después. Entonces sonó su móvil: era Herr Frosch, quien le preguntó alegremente si había llegado bien hasta el hotel, convencido de que el chaval lo había logrado solo. Jakob respondió que sí con una sonrisa, mientras me ponía una mano en el hombro. En días revueltos como ese es bueno que yo sea tan madraza.

Desde entonces Jakob ha acudido 6 veces al trabajo, las 4 primeras ha fregado junto con el iraní, después solo. Una vez ha perdido el tranvía y ha tenido que caminar a paso rápido hasta el intercambiador de autobuses. Otra vez su móvil se quedó sin carga y no pudimos hablar. Tres veces le dieron de cenar algo que no le gustaba y lo empaquetó para llevárselo a sus compañeros de cuarto. Una vez le dieron cerdo, aunque estaban avisados de que no lo come.

¿Cuánto dura el periodo de prueba de un friegaplatos en un hotel alemán? ¿Cómo funciona un contrato en la hostelería local? Son preguntas interesantes que, por desgracia, no puedo responder por ahora. Cada vez que Jakob ha preguntado por el contrato, el jefe ha respondido que hablarían a la semana siguiente y el colega iraní le ha dicho desde el principio que se hace pagar en efectivo a diario, para poder comprarse su ración de alcohol. Hm.

La ayuda social que recibe actualmente Jakob, y, como él, todos los parados de larga duración del país, es de 404 euros al mes. De tener un contrato, habría que llevar una copia al Jobcenter y declarar el empleo. Entonces Jakob cobraría el sueldo completo, pero la ayuda social se vería recortada. El cálculo de la nueva prestación es como sigue: se toman 100 euros del sueldo mensual y después el 20% del dinero restante; ese es el dinero libre de descuento, el otro 80% va a parar al Jobcenter. Es decir, en el caso hipotético de que Jakob cobrara de su jefe 300 euros al mes, su ganancia final sería de 140 euros (100 + 20% de 200), ya que su ayuda social bajaría a 244 (404 – 80% de 200). Dinero total al mes: 300 + 244 = 140 + 404 = 544 euros. Insisto: tras haber fregado platos unas 35 horas, se vuelve hambriento a casa de madrugada con un incremento neto de 140 euros. ¿Compensa entonces tener un minijob?

Pues se trata, creo yo, de una cuestión de principios, asociada a una expectativa de evolución. Así, un minijob como reponedor de mercancía en los estantes de un supermercado podría dar lugar, teóricamente, a un posterior empleo de cajero, luego a uno de ayudante del supervisor, y finalmente a un ascenso a encargado de la filial. Y en cualquier currículo queda mejor “minijob en un supermercado” que “parado de largo plazo”. Además, hay que ser consciente de que el dinero del Jobcenter no crece en los árboles, sino que sale de los impuestos de los ciudadanos que sí cotizan y a los que les gusta ver movimiento por parte de los receptores del subsidio.

De hecho hay mucha gente aquí que piensa que las ayudas sociales no deberían pagarse así como así, que al menos se debería exigir a los solicitantes algún tipo de trabajo “social”, ya sea barrer calles o hacer compañía a ancianitos. Esto obligaría a los parados a apagar la tele, vestirse y salir a la calle con un horario que cumplir. Que se acostumbren a una cierta responsabilidad.

Siguiendo este principio, Frosch y yo hemos persuadido a nuestro joven amigo del buen efecto que hace en su currículo lo del minijob, la excelente impresión que tendrán de él los trabajadores del Jobcenter, y, sobre todo, la decepción de mi marido si ahora se raja. Eso ha sido lo más convincente: ”Oh, no, no quiero que Christian piensa mal a mí”.

Pero, seamos sinceros, fregando platos Jakob no aprende nada, ni siquiera habla alemán por culpa del iraní, las posibilidades de ascenso son nulas y cuando llega a su casa a medianoche aún tiene que comer algo. Así que, si el jefe no le da un contrato pronto, sospecho que Jakob trabajará 4 o 5 semanas más “de prueba” con cobro ilegal en efectivo y después dejará el trabajo parar dedicarse a su tarea principal en estos momentos: aprender alemán.

Aún tiene que aprender mucho alemán, no solo para aprobar el examen de integración, sino para poder acceder después a una formación profesional y poder dejar de depender de la ayuda social del Jobcenter.

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