Se acaba – no se acaba

El cómputo de los años es una convención social y las convenciones sociales cambian cuando la sociedad se transforma. Así el 2015 fue para mí sólo eso, 2015 de principio a fin, mientras que, inesperadamente, durante el 2016 ya he asistido a dos cambios de año. Y todo porque mi entorno social ha evolucionado.

Así, el 20 de marzo, coincidiendo con el equinoccio de primavera, el calendario persa celebró el inicio del año 1395. El señor Sharifi, todo el día con su gorra puesta, se encargó de explicármelo cuando fui a comer con él y con Habib aquel delicioso arroz con pasas y zanahorias caramelizadas. Este calendario, usado en Irán y Afganistán, es solar como el nuestro, lo cual simplifica bastante las conversiones de fechas y facilita recordar que en menos de tres meses estaremos otra vez de celebraciones.

El inicio del año árabe de 1438, acaecido en esta ocasión en mi cumpleaños, 2 de octubre, también lo he vivido asociado a una apetitosa oferta culinaria, porque, 10 días después del evento, mi vecina turca me ofreció una ración de su “sopa de ashura”. Según la región de origen del cocinero, esta “sopa-müsli” consiste en una mezcla de 7 o 10 ingredientes, que se debe compartir con 7 o 10 vecinos/amigos. Se toma preferentemente templada, pero no es claramente una sopa de garbanzos, ya que es dulce, aunque tampoco es un müsli, a pesar de llevar cereales, avellanas y trozos de orejones (melocotones/duraznos secos). El calendario árabe es lunar, por eso el mes de ramadán cae a veces a finales del invierno y unos años más tarde en pleno verano, y, aunque consulte ahora cuándo se supone que recibiré la próxima sopa de ashura, sospecho que no tardaré en olvidar la fecha.

Según el calendario gregoriano, esta noche se acaba el 2016 y en mi casa lo celebramos a la alemana y a la española, con Lebkuchen y con turrón, con cohetes y con uvas a medianoche; estas son nuestras convenciones.

Se acaba este año tan complejo y sorprendente, con sus decisiones políticas incomprensibles; un año en el que el mundo parece haberse vuelto loco y estar girando hacia atrás, en lugar de progresar; los Derechos Humanos parecen haber caído en saco roto y mucha gente me parece más ciega, sorda, insensible y egoísta que hace 12 meses…

El 2016 me ha cambiado, me ha sacado de manera brutal de mi zona de confort, porque me ha traído un “hijo” inesperado: uno “problemático”, que necesita ayuda constante, porque  tropieza y se golpea a cada rato y hay que sostenerlo y consolarlo, uno que nunca hablará correctamente, que se le ve a distancia que no es “como los otros”, que tiene dificultades con la alimentación convencional y que me obliga a lidiar con frecuencia con la inextricable burocracia alemana. Uno de esos hijos cariñosos y agradecidos que saben iluminar la vida de quienes los tratan a diario.

Es 31 de diciembre, aunque en realidad me da igual la fecha, para mí no se acaba nada, porque en enero, y en febrero, y en los demás meses, volveré a repetir la mayoría de mis rutinas y mis convenciones sociales, y mi mundo personal seguirá girando vertiginosamente, pero con optimismo, hacia delante. Sólo en el desgraciado caso de que pierda a un ser querido, pensaré que se ha acabado algo de manera irremediable.

Tenemos todo un año para hacer de él lo que queramos, así que aprovechémoslo. Ojalá que este blog siga teniendo algo positivo que contar y que vosotros lo podáis leer. Feliz 2017.manos3

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