Ay, Afganistán seguro

Otra vez escribo obligada por un acto de terrorismo…

El pasado miércoles 31 de mayo estalló en Kabul un camión-bomba que ha dejado más de 90 muertos y más de 400 heridos.

El atentado se produjo en el llamado barrio de las embajadas y los alemanes, cuyo edificio se encuentra a 300 metros del cráter que ha dejado la explosión, rápidamente anunciaron que sólo tenían tres funcionarios heridos (y un guarda de seguridad afgano muerto), y que el vuelo que ese día debía repatriar a un grupo de solicitantes de asilo se había cancelado por el momento. La embajada tenía cosas mejores que hacer, que ocuparse de los “expulsados”.

Jakob tiene un amigo, Noori, que cada fin de mes se escapa de su alojamiento comunitario para pasar dos o tres noches escondido (con frecuencia en el piso de Jakob) por si la policía viene a buscarlo para llenar el cupo de uno de esos vuelos de expulsados… ya que Afganistán es “un país seguro” y hay un acuerdo con su corrupto gobierno.

No he seguido las noticias alemanas sobre el atentado con demasiada atención, porque las imágenes de mujeres ensangrentadas clamando al cielo y de hombres arrastrándose por el suelo perjudican seriamente mi salud mental cuando van acompañadas de comentarios tipo: “en Afganistán hay regiones que son seguras para las circunstancias afganas (es gibt sichere Regionen für die afghanischen Verhältnisse)”.

Viene a decir que los afganos están acostumbrados a ese tipo de violencia y para ellos esas regiones son suficientemente seguras. Todas las familias allí tienen al menos un muerto, o un miembro al que le faltan dedos, brazos, ojos o piernas – son las circunstancias afganas habituales y por eso normales para los residentes afganos. No se te ocurra decirle a un alemán que se vaya voluntariamente a vivir allí una semana, claro, las circunstancias alemanas son muy diferentes, los empleados de la embajada vuelan en helicóptero desde sus residencias vigiladas al trabajo y viceversa, porque circular en automóvil por Kabul no es seguro ni en coche blindado con escolta armada.

Otro amigo de Jakob al que él llama siempre “el que vive en Hof (una ciudad al extremo noreste de Baviera)” acaba de recibir la respuesta del Ministerio de Extranjería alemán a su petición de asilo: “desde que los talibanes le amenazaron hasta que usted decidió exiliarse transcurrió demasiado tiempo, su historia no es creíble, usted puede regresar a su país y vivir en una región segura, por ejemplo la ciudad de Herat (al otro extremo del país)”.

El amigo de Hof no entiende. Estuvo escondido y además le costó mucho tiempo reunir el dinero necesario para pagar a los contrabandistas que le han traído a Alemania, y si ahora le obligan a regresar a su país, ¿qué hace él en la, para él, desconocida Herat, sin familia, ni amigos, ni trabajo, ni alojamiento?

Los afganos repatriados se vuelven rápidamente carne de talibán: acaban muertos o comprados. Los talibanes pagan bien.

Calma, Karen, calma, no puedes cambiar la política alemana de asilo ni poner Afganistán en orden, y al chaval de Hof no lo has visto en la vida. (Pero has bebido el zumo de naranja que te sirvió Noori en su casa).

No puedo cambiar Afganistán, no, y si escucho a la ex-diputada afgana Malalai Joya, sólo los propios afganos pueden conseguirlo. El viernes 2 de junio han salido a la calle en Kabul a manifestarse contra el presidente Ashraf Ghani y su gobierno, que no son capaces de mejorar la situación del pueblo. Las noticias que he encontrado al respecto (Al-Jazeera) hablan de 4 muertos y 8 heridos por las cargas policiales contra los manifestantes.

Malalai Joya fue expulsada del parlamento por decir la verdad: el gobierno de Karzai, y tras él el de Ashraf Ghani, están compuestos, en su mayoría, por los señores de la guerra que los EE.UU. armaron para que lucharan contra los soviéticos en los años 80, y son los responsables de la posterior guerra civil. (Por no sentarse a dialogar unos con otros y hacer una coalición, como han hecho ahora). Esos “diputados” no han pagado nunca por sus crímenes contra el pueblo afgano y además, en todos sus años en el poder no han conseguido acabar con los talibanes, que actualmente controlan 40% del país. Sólo los propios afganos podrían conseguir un cambio de gobierno, ¿no? (Léase entre líneas).

Ahora los EE.UU. han pedido ayuda a su colegas de la OTAN para volver a enviar tropas a Afganistán. Porque los alemanes insisten en negar asilo permanente a los afganos, por no venir de un país en guerra, pero sin embargo los estadounidenses hablan de la “guerra contra el terror” y lanzan “la madre de todas las bombas” sobre suelo afgano. Hm, hm.

Sólo espero que las predicciones de Jakob no se cumplan: él cree que en la fiesta de fin de Ramadán volverá a haber atentados. En Afganistán, seguro.

 

P.D.: Apenas dos horas después de publicar mis comentarios, la televisión alemana anuncia nuevas explosiones en Kabul – durante el funeral de uno de los manifestantes fallecillos ayer (de lo que no hablaron). Al-Jazeera dice que hay 20 nuevos muertos.

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