La cuestión del sexo

La perspectiva siria.
Aún hacía poco que daba clases de alemán a Mariam cuando una mañana conocí a su marido. Los tres nos sentamos en el comedor a tomar café y charlar un poco. De repente el marido hizo un comentario que heló el aire de la habitación:
– Mariam dice que usted dice siempre “sexo”.
Yo no había dicho “sexo” ni una sola vez, ni pensaba decirlo nunca, si era posible. Pero antes de hablar, hay que pensar lo que se va a decir, y por suerte un rayo de inspiración me advirtió de que en nuestra conversación podía haber un malentendido fonético o de contexto.
En alemán, sexo se dice como en inglés, pronunciando la x como ks: seks. Y casualmente ks es también la pronunciación de la grafía chs, por lo que el número seis, escrito sechs, se pronuncia seks.
Así que cuando por fin rompí el incómodo silencio, fue para asentir y contar: tres, cuatro, cinco, seis. Y después añadí otro par de ejemplos de palabras con la grafía chs, como el zorro Fuchs, o el adjetivo “siguiente”: nächste/r/s.
Charlamos otro rato y me fui a casa… donde procedí inmediatamente, con ayuda de mis 3 nativos alemanes, a confirmar que mi pronunciación había sido correcta.
En mi siguiente visita a Mariam nos estuvimos partiendo de risa las dos al recordar el incidente.
El sexo es divertido.

La perspectiva afgana.
Una tarde soleada Jakob se había sentado en una plaza a ver pasar la gente y descubrió que una chica le estaba mirando. Era delgada, no muy alta, sonreía, y a Jakob le pareció guapa. La chica se le acercó y empezaron a hablar, o mejor dicho, ella le acribilló a preguntas. Llegados a la cuestión de “¿dónde vives?”, Jakob pensó que la chica iba demasiado rápido para su gusto y respondió con la contrapregunta “¿para qué quieres saberlo?”. Ella se echó a reír, y se sentó a su lado. Siguieron charlando, pero algo raro flotaba en el ambiente y finalmente Jakob le preguntó su edad.
La respuesta hizo que el afgano diera un brinco y se alejara un poco de la muchacha. A continuación miró a su alrededor, por si descubría a los padres de la chica, y procedió a avisarla: “¿tú sabes que yo tengo 22, diez más que tú?”. Jakob es bajito como un niño de 13 años, pero ya tiene arruguitas junto a los ojos, y no se afeita todos los días. La niña alemana tenía cuerpo de mujer, pero muy poco cerebro.
Jakob me contó la anécdota con intención de hacerme reír, pero al final no pudo negar el susto que se había llevado, y dijo: “necesito una amiga de 18, que entiende qué hacemos”. Este afgano estuvo atento cuando en el campamento la policía les explicó ciertas leyes.
El sexo puede ser peligroso.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s