Ulysse from Bagdad

Como no tengo ánimos para hablar de la pobre Susanna (14) ni de su asesino, os voy a presentar a otro iraquí más digno de nuestra atención: el que aparece en el libro que acabo de terminarme, “Ulises from Bagdad”, del francés Eric-Emmanuel Schmitt.

Este libro se publicó originalmente en el 2008, pero ha tardado hasta el 2015 en ser traducido al alemán, que es como yo lo he leído, y eso me extraña, porque aquí ya eran muy conocidas algunas de las otras novelas del autor, de las que incluso hay películas, como “Óscar y la dama rosa” y “El señor Ibrahim y las flores del Corán”, con Omar Sharif.

Bueno, al grano. Se trata de la historia de Saad Saad, nombre que, como él mismo explica, significa “esperanza esperanza” en árabe y “triste triste” en inglés. Saad crece durante la dictadura de Sadam Hussein, y, aunque es feliz con su familia, comprende desde joven la injusticia que resulta de haber nacido, por casualidad, a cierto lado de una línea imaginaria llamada frontera.
Tras la muerte de varios seres queridos, Saad se decide a huir de Irak y así comienza su Odisea en dirección a Londres. El único acompañante que resistirá a su lado durante este largo y tortuoso viaje, será el fantasma de su padre, un personaje muy tierno y con estupendos puntos humorísticos.

No cuento más, leedlo, merece la pena.

Pero tres detallitos voy a mencionar, en traducción libre de la traducción alemana:

Prólogo: Habría deseado que me fuera posible crecer allí donde nací, desarrollarme y morir en el mismo lugar, como un árbol… Esa sensación de felicidad me ha sido robada y la culpa es de la guerra, la dictadura, el caos, un sufrimiento inconmensurable y demasiados muertos.

Capítulo 1: Cualquier iraquí que haya sobrevivido a esta época le puede asegurar a los señores de la Naciones Unidas, que un embargo es en realidad la mejor manera de castigar adicionalmente a un pueblo desafortunado y al mismo tiempo reforzar a sus líderes… Antes del embargo, en Irak no se respetaban los derechos humanos; en los 10 años que duró el embargo, tampoco fueron respetados. Y además no había forma de alimentarse adecuadamente, ni de comerciar. Se dispararon los casos de poliomielitis, se incrementaron los robos y la corrupción. Sadam dejó de ser responsable de nuestras desgracias, si faltaban alimentos o algo no funcionaba, se echaba la culpa al embargo.

Capítulo 12: “Papá, ¿has visto cómo se han comportado?… Parece que no estén convencidos de que nosotros seamos seres humanos.” “Tienen miedo.” “¿Ah, sí?¿Hay que tener miedo de alguien que ya no posee nada en este mundo?”

El asesino de Susanna poseía los medios para subir a un avión y escapar “a casa” intentando huir de la justicica alemana. Eso no es un refugiado.

Un refugiado, como Saad bien le dice a su padre, no es un Ulises que experimenta aventuras en un largo camino de vuelta a casa, sino lo contrario: alguien que debe abandonar su hogar sin saber a dónde le llevarán las futuras experiencias.

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