Un cuento, dos cuentos, tres cuentos

Llueve. Es bueno para el campo, pero menos bueno para mí, porque sigue habiendo una pandemia, sigue habiendo refugiados necesitados, sigue habiendo muertes racistas, y la lluvia no va a llevarse ninguno de estos problemas. Hoy la lluvia de afuera se confunde un poco con la lluvia de mi interior.

Los que me seguís en Facebook habréis leído ya que en los últimos meses he participado en un concurso de microcuentos, porque os he dejado allí un par de ejemplos. Hoy voy a poneros aquí tres más. En estos también hay un poco de lluvia del alma.

Santidad

“El próximo favor se lo pido a Santa Rita”, lee Abdul, y luego me mira y pregunta quién es esa persona. Y yo le respondo que una mujer muy buena, que vivió hace muchos años y que ayudaba a la gente. “¿Cómo tú?”, me pregunta y me descoloca. Y entonces miro alrededor: las tiendas de campaña, los niños sucios y descalzos, las mujeres que cocinan en latas sobre el fuego, los hombres desesperados, mano sobre mano… No está bien que yo lo diga, pero es la verdad, así que asiento. Seguimos practicando la lectura mientras pienso que los que se merecen el cielo son ellos, los refugiados.

El poder de una sonrisa

Nos han mandado en la escuela una ponencia sobre alguno de los primitivos planetas que hemos colonizado. He elegido La Tierra, porque mi abuelo estuvo allí. Como nunca nos habla de aquella conquista, mientras él estaba en “standby” tras el almuerzo, me he conectado telepáticamente a sus recuerdos. Los terrícolas eran seres ruidosos y fascinantes que se tocaban mucho. Entonces el abuelo ha notado que le hackeaba y me ha mirado furioso. Intuitivamente he reaccionado con un gesto terrícola: mostrar amablemente las piezas de marfil de mi boca. De pronto el abuelo tenía líquido en los ojos y me ha rozado el rostro.

Desde la base lunar

“Siempre como nuevos”, es el lema del capitán y lo último que me dijo antes de subir al cohete. Por eso dos veces al día realizo el mantenimiento de los paneles solares y de todas las demás instalaciones. En los milisegundos que tengo libres, y a falta de contacto por radio, miro hacia La Tierra, a ver si se ha disipado el humo de las explosiones y el capitán puede despegar y regresar a la base. Mientras tanto tendré que aplicarme el lema a mí mismo y reparar mis tenazas izquierdas, porque treinta años no pasan en balde.

P.S.: Para nostálgicos: Años 70 en España

Un globo, dos globos, tres globos; La Luna es un globo, que se me escapó / Un globo, dos globos, tres globos; La Tierra es el globo, donde vivo yo/ … / Un cuento, dos cuentos, tres cuentos, en unos momentos de gran diversión.

El vídeo no es el original, pero me gusta más https://www.youtube.com/watch?v=pvg8da8GE3c

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