Flores de mayo

“El trece de mayo la virgen María bajó de los cielos a Cova da Iría”, dice la canción y celebra la gente en Fátima desde 1917.
Este trece de mayo las últimas tropas españolas abandonan Afganistán tras veinte años de servicio allí, con un balance de 102 muertos.
Este trece de mayo el número de víctimas del atentado del sábado, día ocho, en una escuela de Kabul, ha ascendido ya a 86 niñas fallecidas y sigue habiendo más de 100 heridas por la explosión de un coche-bomba y dos misiles. Los Talibanes dicen que ellos no han sido, que debe ser cosa del Daesch (ISIS).
Este trece de mayo es el día del padre en Alemania, aunque nadie me sabe explicar por qué aquí coincide con la Ascensión (en España es el 19 de marzo, día de San José). No sé si en Afganistán tienen un “día del padre”, pero con seguridad habrá 86 familias que no lo celebren.
Y el domingo, día nueve, ha sido en Alemania el día de la madre, una semana más tarde que en España. También hay 86 madres afganas que no lo habrán celebrado.
Este trece de mayo no os puedo contar el cuento afgano de la buena alumna, porque acabamos de enterrarla, en las colinas al oeste de Kabul, donde el cementerio se expande sin pausa.
Este trece de mayo ha terminado el Ramadán (Ramazan), el mes de ayuno. ¡Tengamos la fiesta en paz!
Os voy a contar otro cuento.

Las flores del Padishah

Érase una vez un gran rey persa, el padishah, que sufría porque no tenía hijos. También su ministro, el visir, se encontraba en la misma desgraciada situación.
Un día los dos hombres decidieron dejar sus palacios y partir en busca de una solución o un consejo. Salieron al amanecer y caminaron y caminaron, hasta no poder más, y entonces se sentaron a descansar en un jardín muy bonito que había allí cerca y se quedaron dormidos.
Al despertar, el padishah y el visir vieron que un hombre muy apuesto los estaba observando. “¿Qué hacen usted aquí? ¿Por qué han venido a mi jardín?”, les preguntó. Y ellos respondieron la verdad: “Somos el padishah y el visir, y hemos dejado atrás nuestros palacios en busca de consejo, porque no tenemos hijos”.
Entonces el hombre tomó dos manzanas de su jardín, se las mostró, y les dijo: “¡Idos! Tomad las manzanas y llevádselas a vuestras esposas, y, si lo merecéis, Dios hará que uno de vosotros tenga un hijo, que debe llamarse Zahir, y el otro tendrá una hija que se llamará Zohra. Y a estos dos no debéis separar nunca y entonces todo irá bien.”

El padishah y el visir tomaron las frutas, regresaron a sus palacios y entregaron a sus esposas las manzanas de aquel misterioso hombre. Y todo se cumplió como él había dicho. Pero ¡oh!, el muchacho Zahir nació en la casa del visir, y al padishah le nació una niña, y eso no le hizo nada feliz. Sin atender a los ruegos de su esposa, el padishah tomó a la pequeña Zohra y la llevó a casa del visir, a quien pidió que la matara. Por suerte el visir aún tenía en mente el final de la profecía del hombre del jardín, y decidió esconder a Zohra en su casa y criarla junto a su hijo Zahir. Para contentar al padishah, mató una paloma y le llevó al rey su corazón.

Años después el padishah comenzó a lamentar su decisión, y un día en que vio a Zahir jugando en el patio del palacio del visir, le dijo a su ministro: “Ay, si mi hija viviera, también sería ya así de grande”. Entonces el visir supo que podía decirle la verdad y devolverle a su hija Zohra, y el padishah la aceptó con gusto.
Los dos niños iban juntos a la escuela, se sentaban juntos y estudiaban juntos. Al cabo de un tiempo el padishah empezó a sentirse molesto por esta amistad y pidió al maestro que cambiara a Zahir de clase. Pero los dos adolescentes hicieron un agujero en la pared y siguieron comunicándose de ese modo.
Entonces el padishah se enfureció y mandó meter a Zahir en una caja de madera y arrojarla al río. A continuación inició los preparativos para casar a su hija con otro hombre.

Río abajo, en el país vecino, dos de las hijas del shah de aquella región estaban sentadas a la orilla del río y vieron la caja que flotaba corriente abajo. La mayor dijo: “Quiero esa caja. La caja me pertenece.” Pero la pequeña era más astuta y dijo: „Yo quiero el contenido de la caja.» Entonces Zahir fue rescatado y se casó con la hija menor del shah.
Pero Zohra no lo había olvidado y mandó caravanas en todas las direcciones con la misión de encontrar a su amado. Los caravaneros debían recitar los versos favoritos de Zahir y de ese modo él se daría a conocer. Así ocurrió y así regresó Zahir con la caravana, y Zohra lo escondió y vivió con él como si fueran esposos.
Pero su marido sospechaba algo y fue a hablar con el padishah, quien ordenó que lanzaran a Zahir a un pozo profundo.
Una vez más, Zohra logró rescatar a Zahir y pudieron vivir en paz por un tiempo. Pero el padishah oyó rumores de que el joven no había muerto y finalmente ordenó que Zahir fuera asesinado. Nada puede devolver la vida a un muerto, ni siquiera el amor más grande del mundo, por eso Zohra decidió seguir a Zahir al Más Allá y se suicidó.
Los dos amantes fueron enterrados juntos y, poco después, sobre su tumba crecieron unas flores maravillosas. Entonces el padishah comprendió por fin que había cometido un error.

FIN

Notas:
1 Los versos se recitan cantando, como cuando se lee el Corán, por eso en persa “leer” y “cantar” son el mismo verbo, y “reír” tiene también la misma raíz. ¡Vaya lío!
2 Zahir significa “revelación”, es uno de los 99 nombres de Allah. Tanto Borges como Coelho han escrito textos con el título “El Zahir”, donde un objeto o una persona se vuelve el centro obsesivo de la atención de alguien.
3 Zohra era la antigua diosa persa de la música, y por eso la primera orquesta femenina de Afganistán se llama también así http://www.zohra-music.org

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