La importancia de aprender dari

Mi profesor de dari se llama Yaqub, pero aquí todo el mundo le dice Jakob. A él no le molesta. Por eso, cuando él cambia las vocales o la entonación de mi nombre, no le corrijo. Mi profesor de dari me ha enseñado mucho acerca de la tolerancia.
Cuando entro en su piso, el agua del té ya está hirviendo. Nos saludamos y preguntamos tres veces por nuestro estado de salud y por la familia. Mi profesor de dari me ha enseñado la importancia de tomarse tiempo para los rituales.
Mientras me quito los zapatos escucho cómo canturrea canciones de amor y le veo medir la cantidad de té en el hueco de la palma de su mano. Después toma tres semillas de cardamomo, abre un poco las cáscaras con la uña y las echa a la tetera. Yo paso a la habitación que le sirve de comedor, salón y dormitorio y extiendo sobre la alfombra el desdarján que nos sirve de mantel. Él trae el té y un platito con pistachos y cacahuetes. Mi profesor de dari me ha enseñado las reglas de la hospitalidad.

Picoteamos, charlamos y yo voy apuntando en mi cuaderno las palabras nuevas y las frases interesantes que van surgiendo en la conversación. Una vez le pregunto si eso se escribe con “te” (ت) o con “toi” (ط), pero no lo sabe. Enseñar dari y ser analfabeto no son circunstancias incompatibles. Discretamente cambio de tema, ya lo buscaré en el diccionario de persa. Mi profesor de dari me ha enseñado mucho sobre el respeto y la dignidad.
A la hora de las noticias de Tolo News, Yaqub enciende la tele, que es pequeñita y está en el único estante de la habitación, junto a los numerosos archivadores que contienen el resumen de esta etapa de su vida. El resto de las paredes están cubiertas de hermosos pósteres de paisajes y animales. Mi profesor de dari me ha enseñado a mantener los ánimos altos rodeándose de cosas agradables.

Algunas veces, cuando telefoneo con mi padre, me pregunta para qué demonios estudio dari. Él es ingeniero y piensa de forma pragmática, como un ingeniero.
Algunas veces, cuando mis cuadernos de vocabulario se mezclan con sus revistas de finanzas, también mi marido me pregunta para qué demonios estudio dari. Él es alemán y piensa racionalmente, como muchos alemanes.
El presentador saluda y lee los titulares del día. Antes, las noticias estaban en dari y yo entendía algunas palabras. Desde que los talibán están en el poder, ya no entiendo nada.
Mi profesor de dari suspira tristemente y se disculpa. Apaga la tele y me dice que estoy aprendiendo el idioma equivocado, que, por culpa de los demonios que controlan su país, ahora todo está en pashto.
–¿Tú puedes enseñarme pashto?
El rostro de Yaqub se ilumina con una sonrisa.
–Por supuesto.
No será fácil encontrar un diccionario de pashto, pero mi profesor de dari y pashto me ha enseñado a amar Afganistán y, sobre todo, a no rendirme nunca.


Este relato participa en el concurso de Zenda e Iberdrola #MaestrosInolvidables.

Podéis encontrar más aventuras de Jakob y Karín comenzando a leer este blog desde la primera entrada en febrero 2016. Quizás, con suerte, alguna librería española todavía tiene un ejemplar de “Multikulti. Sirios, afganos y una española en Alemania”.

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