Mediación

Como buena profesora que soy, de vez en cuando participo en cursos de formación en los que la propia Universidad Popular (donde imparto mis clases) o la editorial Klett (cuyos libros empleo en mis cursos) me ponen al día sobre los nuevos métodos y materiales de enseñanza que van apareciendo, y también sobre las reformas que los lingüistas realizan en el Marco de Referencia Europeo. Por ejemplo, recientemente ocupé mi tarde del lunes con un seminario sobre la mediación en las clases de idiomas.
Lo primero que el ponente nos aclaró es que “mediación” significa exactamente eso que imaginamos intuitivamente y el diccionario nos confirma: intervenir entre dos partes enfrentadas para evitar que corra la sangre. Bien, yo doy clase a adultos, y evidentemente ellos no se pegan en el patio del colegio, pero una vez sí nos ocurrió que, durante la preparación de un ejercicio en grupo (etapas de una excursión, con sus monumentos y gastronomía), dos mujeres discutieron seriamente, una de ellas se levantó y salió de clase, y la otra anunció que no volvería al curso. Hm. Una vez en veinte años tampoco es tan grave como para necesitar un seminario sobre mediación, ¿no?
No, las otras profesoras tampoco han tenido casos tan terribles como para justificar que los lingüistas quieran introducir el concepto de mediación en el estudio de idiomas. Se trata de otras formas de mediación que hasta este momento se daban por implícitas en las relaciones humanas, y ahora se van a destacar por separado, para poder reescribir y vender muchos manuales.

Mediación entre dos idiomas significa que no solo se traducen las palabras, sino que se interpreta la cultura. Por ejemplo, cuando tengo visita de España y vamos a un restaurante, no solo explico cuáles son los ingredientes, sino cómo estará preparado y acompañado el plato, qué se recomienda beber, si se considera merienda o desayuno (como es el caso de las salchichas blancas con mostaza dulce), etc. O si tomamos el transporte público y además de ayudar a comprar el billete correcto explico cómo validarlo (picarlo), si hay que guardar una cola formal o no durante la espera, por qué puerta se debe subir al autobús… Esto es lo que se pretende que hagan los alumnos de clases de idiomas: mediar entre dos culturas.

Adicionalmente se puede mediar también dentro del mismo idioma, entre dos registros diferentes, que es lo que hace Wikipedia con sus artículos en simple english, y yo con mis refugiados desde el primer día. Por ejemplo, cuando mi ahijado afgano recibe una de esas interesantes cartas de las autoridades alemanas con el asunto: “El gobierno de Baja Franconia le escribe para completar la ejecución de la normativa de asilo (DVAsyl) en lo que respecta a la utilización y beneficio de alojamientos estatales y otras prestaciones en especie”. Entonces es cuando yo digo: “Amigo mío, que te quieren cobrar alquiler por aquel cuartucho en la buhardilla del pueblo perdido donde había un baño común para diez habitaciones”. Este es un mensaje que él comprende claramente y ante el que puede reaccionar, indignándose y preguntando al cielo cuántos otros afganos y refugiados de otras nacionalidades siguen viviendo en edificios del estado sin que les cobren ni un euro, aunque trabajan.
Mientras tanto yo me leo el resto de la carta para ver las tablas de precios, saber de cuántos meses se trata y qué tiempo tenemos para quejarnos, si es que creemos que alguien nos va a escuchar. Por fortuna no es mucho dinero, porque aunque estuvo en ese alojamiento desde abril de 2016 hasta finales de febrero 2017, al principio aún no le habían concedido el estado de protección subsidiaria y no le estaba permitido vivir fuera del control del gobierno. Es decir, que solo debe pagar por enero y febrero 2017. La siguiente carta que llega es la factura con los datos para la transferencia, que también realizamos gracias a mi mediación, esta vez entre el lenguaje de la carta y el de la aplicación del banco.

Cinco meses después llega otra carta: “Amonestación de la oficina fiscal de Baviera por causa de las tasas de aloj. 02/2017”. Mi afgano exclama indignado: “¡¿Qué mierda es esta ahora?!”. Lo que, con ayuda de la mediación de idiomas, podemos traducir: “Llevo siete años haciendo todo lo posible por integrarme en este país y todavía tengo miedo de que al final me repatrien por algo de lo que no soy responsable”.
Una llamada a la susodicha oficina fiscal aclara la situación: ha sido un error de mediación entre culturas. Si un funcionario alemán quiere cobrar el alquiler de dos meses, mándale siempre dos transferencias, una por cada mes, porque su cerebro no está programado para descomponer la transferencia única “enero+febrero” y por eso en su ordenador quedará registrado: exceso de pago en enero y amonestación para febrero.

Ah, y al final no le cogieron en la gasolinera. Había un estudiante dispuesto a dejarse esclavizar, perdón, dispuesto a hacer prácticas gratis durante varias semanas. U otra excusa similar.

11 comentarios

  1. Joiel · junio 18

    A ver si lo he entendido bien, entonces esa mediación significa traducir lo que fue mal traducido en su origen desde una fuente no confiable. Dicho de otra madera, mediar es evitar que se maten cuando otros intentan que se maten bajo el pretexto de que no quieren que se maten.
    Ah, importante, ese «Hm» tuyo ya me suena. Saludos a tu yo del 91 y muerte a la burocracia.

    PD: lo de las salchichas (espero que de tamaño prudente) esas blancas con mostaza dulce me ha parecido muy interesante.

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    • karenmparamio · junio 18

      Mediar es estar en medio, metiendo las narices en todo, y a veces el que muere es el intermediario, Dios mediante.
      Quedas invitado a pasarte por aquí y desayunar salchichas blancas. Feliz fin de semana caluroso.

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  2. recuerdosparacuerdos · junio 19

    Mi hija reside en Tubingen desde hace un año. Le acompañé cuando se instaló y doy fe de la burocracia del estado alemán. Su alemán aun no es bueno, y tiene que pedir ayuda cuando recibe una de esas cartas…
    Porque en Alemania todo es en papel? No llegó el mundo digital? jaja.
    un saludo.

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    • karenmparamio · junio 19

      Bueno, también existe ya ese subterfugio telefónico de: si su problema es A, pulse 1, si es B, pulse 2, si es otra cosa, maldiga y vuelva a llamar, pero no le dejaré hablar con un humano. Que tengas un buen domingo, Guillermo, a pesar del calor.

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  3. Fer Alvarado · julio 3

    Me ha parecido muy interesante el concepto de mediación en cuanto a culturas e idiomas. Lo desconocía por completo. Que necesario es saber mediar y, además, ayudar a mediar cuando hay tantos obstáculos como en el caso que comentas. Enhorabuena por este trabajo de mediación/enseñanza tan necesario que ejerces. Gracias por compartir y que tengas un buen día. Un saludo.

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  4. Butterfly · julio 6

    Nice post🤠

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  5. beauseant · julio 6

    Siempre que pienso en un mediador pienso en alguien con una silla y un látigo metido entre dos leones intentando que uno salte por un aro en llamas y otro que dé la patita 🙂

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