Por el camino de la vida

Como siempre, no se ponían de acuerdo.
Unos decían que era una locura hacer el Camino solo, pues es más fácil superar las etapas duras en compañía. Otros, por el contrario, le prohibían juntarse con nadie, para que pudiera llevar su propio ritmo y se concentrara en sus pensamientos y sensaciones.
Unos le pronosticaban lluvias constantes, mientras los otros insistían en el peligro de una insolación y la necesidad de hidratarse.
Por supuesto, unos le recomendaban hacer pausas e incluso dar pequeños rodeos, para observan todo con detalle, tomar conciencia de las peculiaridades de cada etapa y llevarse más de cada una de ellas. Y los otros le repetían que focalizara su meta en todo momento, que quemara etapas si era necesario. Algunos también le advirtieron que bajo ninguna circunstancia debía salirse del camino prescrito, y mucho menos caminar durante la noche.
Así, lo único en lo que todos habían coincidido era en que debía hacer del camino Su Camino: una experiencia única e inolvidable.

Sobre su cabeza la Vía Láctea simulaba ser inmutable e imperecedera, y cualquier cosa parecía posible.
Quizás solo seguía un rayo de luna, quizás era realmente el resplandor de una hoguera, alrededor de la cual bailaban unas meigas. Quizás era otra cosa.
Se introdujo en el bosque con una sonrisa en los labios.


Este texto participa en el concurso #HistoriasdelCamino de Zenda e Iberdrola, y está dedicado a todos los alumnos que en las primaveras 2009 y 2010 me acompañaron en sendos recorridos virtuales por el Camino de Santiago, al tiempo que yo hacía mi propio viaje interior por el mundo de los pacientes de cáncer, y a mis alumnos de alemán de 2016, que han hecho un camino mucho más largo.

El hombre que pasaba desapercibido

“El hombre que pasaba desapercibido”, una novela de la hispanoalemana Karen M. Paramio, 2022

Se podría decir que esta es la historia de Marcos Aguirre, puesto que la novela comienza poco después de su concepción, en el preciso momento en que se manifiesta por primera vez su problema de ser ignorado (o su facilidad para desaparecer, todo es relativo). Al principio solo su amorosa madre Doña Fuencis y su fascinante abuela Mina le tienen en cuenta, pero poco a poco Marcos va conociendo a otras personas especiales, de esas que leen libros y saben ver con el corazón 😉

Al final de la novela han pasado 30 años y Marcos ha aprendido muchas cosas, así que sería sencillo clasificarla en el género coming-of-age, aunque eso me suena un poco frívolo. Quizás es mejor si lo ponemos en alemán, porque un Bildungsroman suena más serio, ¿verdad? Sin embargo, si tenemos en cuenta que aparecen un hada madrina, un largo viaje, un descenso al inframundo y un antagonista misterioso, quizás se trata del gran monomito: una de las mil caras del héroe de Campbell. Eso, desde luego, suena más emocionante.

Aunque también podría ser que no fuera nada de eso, sino una especie de enredo, un engaño, una broma o una fantasía con la que evadirse del presente. Al fin y al cabo no aparece ninguno de los refugiados sirios y afganos tan típicos de esta autora, porque la acción se desarrolla entre 1971 y 2001, una época en la que Europa… Hm, ¿qué pasaba por Europa en aquellos tiempos? Además habrá que preguntar a Marcos qué pinta la selva en todo esto.

Aquí tenéis la sinapsis de la contraportada:
El joven Marcos Aguirre tiene el don de pasar desapercibido en los momentos desagradables, por ejemplo, cuando sus hermanos buscan camorra. ¡Qué alivio! Claro que eso también significa ser ignorado con frecuencia en las demás circunstancias de la vida, por lo que tener amigos, buscar novia o encontrar trabajo suponen para él toda una aventura. No es de extrañar entonces que Marcos tenga muchas historias que contar al respecto, mientras viaja por Centroeuropa tratando de esquivar a su némesis.
“El hombre que pasaba desapercibido” es una novela fresca y amena y, al mismo tiempo, un entretenido compendio de relatos sobre diversas facetas del alma humana.


Esta reseña participa en el concurso #RecomiendaunLibro de Zenda e Iberdrola, aunque hace un poco de trampa, porque el libro saldrá a la venta en el mes de mayo 😉 A los primeros 5 que me escriban a paramio@gmx.net prometo reservarles un ejemplar gratuito que les mandaré dedicado a donde me digan. Y si alguien se pregunta si no me da vergüenza hacerme publicidad a mí misma, la respuesta es: no. Actualmente se espera de los autores que nos pasemos el día en redes sociales, llamando la atención sobre nuestros “productos” aquí y allá, mendigando likes, y encima ya ni siquiera es posible hacer giveaways en Goodreads. Además, yo garantizo que mis libros entretienen, hacen pensar y gustan – para poder opinar lo contrario, primero tienes que haberlos leído ;-p

Feliz día del libro

Mi nombre es Parvana

«Mi nombre es Parvana“, una novela de la candiense Deborah Ellis.

¡Qué hermoso nombre: Parvana! Es de origen persa, significa Mariposa y se deletrea prvanh پروانه

Si este libro fuera un cuento persa, Parvana podría ser la hija del Shah y vivir feliz con todas las comodidades. Pero, ay, la Parvana de esta historia tuvo la mala suerte de nacer en Afganistán entre el final de la dominación soviética y el inicio de la guerra civil.

Sus seguidores fieles la hemos conocido a los 11 años cuando, disfrazada de chico, buscaba trabajo en Kabul durante el primer gobierno talibán (El pan de la guerra = The breadwinner. ¿Por qué en español la palabra “ganapán” se convirtió en un insulto?). Después hemos caminado hambrientos con ella a través de los campos de minas en busca de un campamento de refugiados (El viaje de Parvana) y, de la mano de su amiga Shauzia, hemos escapado de la desesperación reinante en el campamento para mendigar por Peshawar, esquivando a los traficantes de órganos (Ciudad de barro).

En este cuarto libro, que también se puede leer de forma independiente, Parvana y Shauzia tienen la oportunidad de regresar a Afganistán y participar en la reconstrucción del país, ya que, tras el atentado de las torres gemelas, los estadounidenses y sus aliados han tomado el control en las ciudades más importantes. Así, Parvana y su familia (lo que queda de la natural, más la adoptada) ponen en marcha una escuela para chicas, aunque en una zona rural, lo cual tiene sus inconvenientes. Si además añadimos que los soldados aliados no son ángeles, y cualquier afgano puede ser detenido y torturado por sospecha de terrorismo, pues ya vemos que no se trata de un cuento persa lleno de mariposas.

¿Por qué recomiendo entonces un libro que va a hacer sufrir a algunas almas sensibles? Pues porque siempre es bueno salir de nuestra zona de confort por un rato y participar en nuevas experiencias, compartir emociones, aprender sobre otras culturas y ver otras realidades. Además, igual que el nombre de Malala/Malalai es, desde hace más de un siglo, un sinónimo de mujer valiente entre los pashtunes, el nombre de Parvana lo es ahora para los lectores occidentales. Porque ni ella ni sus compañeros dejan nunca que el miedo o la tristeza los bloquee completamente y buscan siempre una alternativa, una nueva esperanza.

La lástima es que, después de la nueva toma de poder de los talibanes, Deborah Ellis va a tener que escribir una secuela en la que Parvana dé sus clases en secreto y sus hijos e hijas disfrazadas salgan a la calle a buscar el pan de algunos días, si hay suerte.

Mi copia en inglés, “My name is Parvana”, publicada por Oxford University Press en 2013, consta de 230 páginas con letra bastante grande, incluye dos mapas, una biografía de la autora y una nota explicativa de cómo entrevistó a diversos niños en campamentos de refugiados. El lenguaje es sencillo y directo, porque la serie está pensada como lectura escolar, y se puede devorar en un par de tardes, aunque siempre es mejor hacer la digestión poco a poco y paladear bien todos los ingredientes.

Esta reseña participa en el concurso #RecomiendaunLibro de Zenda e Iberdrola.