Sin palabras

Con un título como este, alguien puede pensar quizás que estoy indignada por algo – y, ciertamente, motivos no me faltarían. Pero no, este mes tampoco os voy a dar la lata con los campamentos de refugiados (aunque, mira, en un pequeño gesto de solidaridad, ayer hemos recibido 83 personas de Grecia, 17 de las cuales son menores con problemas de salud) ni con la discriminación y el racismo en Alemania y el resto del mundo. Es verano, hablemos de algo más ligero.

El título se refiere a otro de los temas habituales de este blog: el aprendizaje de nuevas lenguas. Porque a pesar de la pandemia, este último semestre he conseguido asistir a un curso intensivo de lenguaje de signos, es decir, ahora sé decir algunas cosas con las manos, sin palabras.

Y eso que no, no es correcto. Aunque no se pronuncien las palabras en voz alta, hay que mover los labios siguiendo en lo posible la dicción, además de utilizar la mímica de todo el rostro e incluso del tronco, como por ejemplo cuando se hace una pregunta: hay que inclinarse un poco hacia delante.

Lo mejor de este lenguaje es que tiende a la simplicidad máxima de expresión. ¡Fuera circunloquios y palabras redundantes, nada de monólogos eternos: al grano, al grano ya! La estructura de la frase me recuerda al dari (que tengo un poco abandonado, hm, hm): sujeto + objeto + verbo, con el orden sustantivo + adjetivo. El pronombre personal “yo” generalmente se omite, así como el verbo “ser”. De este modo la conversación:
– Yo vivo cerca de X. X es un sitio fantástico, me gusta vivir allí. ¿Dónde vives tú?
– Yo vivo en Z. Estoy contenta de vivir allí.
Se convierte en:
– Cerca X vivir. X bonito (con extra de sonrisa y apertura de ojos). Gustar. ¿Tú dónde?
– Z. Gustar.
Aunque claro, todo esto en alemán, y más concretamente en alemán del sur, porque los gestos también tienen sus diferencias regionales. Así conozco ya dos gestos para “pastel” y dos para “salchicha”, porque en los vídeos de internet aparecen personas de cualquier parte del país.
También existe el problema de la repetición de gestos para palabras diferentes, no siempre relacionadas entre sí. El gesto de “oso”, que es marcar la oreja del animal, sirve para decir Berlín, pero además ha resultado ser el mismo que mi profesora usa para España – como soy de Madrid, me acuerdo fácilmente porque pienso en el oso y el madroño de nuestro escudo 🙂 El gesto de “taza”, “café” y “vino” es siempre el mismo, hay que controlar los labios del interlocutor para saber a qué se refiere en concreto y a veces repetir el gesto para marcar el número de sílabas (“vino” sólo tiene una).
Fijarse en las manos y la cara al mismo tiempo no siempre es fácil, es un poco como ver una película subtitulada: si miras la acción y el decorado, no puedes leer todo, y si lees demasiado, te pierdes los detalles de la imagen. Será cuestión de practicar 🙂

Para no estar deletreando todo el tiempo, cada una de las participantes del curso (sí, somos solo mujeres) ha elegido un signo que represente su nombre. Una ha decidido marcar sus gafas, otra su pelo largo, otra su collar… Yo he optado por la propagación de estereotipos ridículos: mi nombre son dos golpes de castañuela 😀

Ahora quería poneros un corte de los vídeos que graba la profesora para que recordemos los vocablos, porque son muy graciosos, pero me dice WordPress que eso me costaría extra, así que me quedo con la versión pobre y os dejo un par de capturas de pantalla (sí, esa es la traducción de screenshot). Algunas están movidas, claro, y no me importa que os riáis un poco con mi “f” de la mostaza recién untada y la «br» de Brezel 😀 Luego voy a poner el vídeo en Facebook (también visible para quien no tiene cuenta allí 😉 )

¡Ah! No os asustéis por el color de mi pelo, es transitorio (efecto corona), en unas semanas volverá a cambiar 😉

Feliz verano a todos, pero, eso sí, cuidando las medidas de seguridad, no hagáis barbaridades.

DGS_viajar

DGS_comida

 

Alfabetización

La mayoría de los que somos “de ciencias” no hemos estudiado nunca griego y, aún así, conocemos prácticamente todas las letras de su alfabeto, porque con ellas representamos funciones matemáticas, incógnitas de ecuaciones, ángulos, etc. Así puedo divertirme un rato y escribir tonterías como Πατατασ φριτασ o mi nombre: Καρεν.

ruso

Hace también muchos años aprendí a interpretar las mayúsculas del alfabeto cirílico. El motivo fue que mis padres planificaban un viaje a Moscú y San Petersburgo y, casualmente, en ese momento se vendían en los quioscos unos fascículos para aprender ruso. Con los números 1 y 2 te regalaban el diccionario español-ruso y viceversa. El viaje en cuestión era en grupo y guiado, mis padres nunca llegaron a usar los diccionarios para nada, pero servidora se leyó los fascículos con mucho interés y aprendió a decir: Disculpe, por favor, ¿dónde está el hotel?.

Después he tenido contacto con los kanjis japoneses, no sólo porque me encantan los mangas y animes de ese país, sino también porque me empeñé en decorar las paredes de mi aseo con esta caligrafía y me tocó practicarla durante semanas hasta quedar satisfecha con el resultado.

K_japo

Además de “amor”, “suerte” y “eternidad”, entre los kanjis que escribí entonces y que aún reconozco están las cuatro estaciones del año, lo que es muy práctico para jugar al Mah Jong chino. Y a través del juego he aprendido a leer también los cuatro puntos cardinales.

mah jong

¿Habéis adivinado qué alfabeto viene ahora? Sí, me siento enormemete orgullosa de anunciar que desde hace unas semanas puedo leer y medio-escribir en dari (persa afgano).

El persa no es, como el árabe, una lengua semítica, sino indoeuropea. La gramática es sencilla, la pronunciación es bastante fácil para un español que controla la j, y muchas palabras presentan similitud con las de otras lenguas europeas. Si sobre la “mes” hay un plato de “lubia” y una “botel” de “yus”, ya no morimos de hambre ni de sed. Pero lo interesante es el alfabeto, que es casi como el árabe.

¿Verdad que muchos de vosotros habéis pensado alguna vez que es casi imposible aprender a leer árabe, ya que, o bien todas las letras son iguales (hm, ¿y nuestras d b q p?) o, mucho peor, cambian de forma según su posición en la palabra? Si a esto añadimos que suelen estar escritas en un tamaño bastante pequeño y que ya padezco de presbicia, pues mejor dejamos que gane el miedo a lo desconocido y evitamos salir de nuestra zona de confort, ¿no? ¡Pues no! ¡Me niego! Y por eso estoy trabajando para alfabetizarme en dari. Todavía escribo tan feo como un niño de 6 años y leo atragantándome y a paso de tortuga, pero no me preocupa, ya mejoraré.

farsi2

Y cuando haya terminado con esto… ¿Habéis visto lo preciosas que son las letras del alfabeto tailandés? ¿Veis lo fantástico que es poder ir al colegio? Aprender, aprender, seguir aprendiendo toda la vida. Hm.