Campeones

Ya estamos llegando al que será nuestro nuevo alojamiento. Igual que en la etapa anterior, hay una muchedumbre arremolinada en la puerta, esperándonos. Nuestro autobús se acerca despacito, despacito. Gritos y pancartas. Me vuelvo para ver la reacción del resto de los compañeros.
¿Nervios? Por supuesto. Además, tenemos algunos lesionados y dos bajas definitivas. Eso duele, pero el cansancio del viaje ayuda a generar una cierta indiferencia, y el rugido de nuestras tripas también contribuye a distraernos.
En las últimas semanas hemos seguido una dieta muy estricta. Por desgracia, no es probable que eso cambie ahora, porque en el extranjero, ya se sabe, si no traes tus propios cocineros…
Mientras bajamos cargados con nuestras mochilas y bolsas, las fuerzas de seguridad intentan abrir un pasillo entre el autobús y el edificio, para que la turbamulta no se nos acerque tanto. En realidad, como no les entendemos, si no miramos sus rostros, podemos imaginar que han venido a apoyarnos.
El edificio resulta ser directamente el polideportivo del pueblo y en el vestíbulo nos saluda el traductor. Es hijo de iraníes, nacido aquí, y sólo habla farsi, así que otra vez tendré que traducir yo para la familia y el chico que sólo hablan pastún. Le saludo y le comento la situación, pero no parece interesarle. En lugar de intentar animarnos un poco y ganarse nuestra confianza, sin venir a cuento, dice:
–No os hagáis ilusiones, aquí terminan vuestros sueños de gloria. A más del 80% de los afganos les deniegan el asilo, y si no tenéis, por lo menos, protección subsidiaria, no os dejan ni asistir a las clases de alemán.
Yo mantengo la misma expresión neutral, no muestro el dolor ni la rabia que me invaden, simplemente sigo hacia la puerta del dormitorio común del nuevo campamento, para que me asignen un colchón.
¿Qué sabrá él de nuestros sueños? ¿Y por qué está tan seguro de que no podemos ser justamente el 20% que sí lo consigue? No me gusta su actitud negativa.
Hemos atravesado las montañas de la tierra de sus antepasados, hemos caminado por bosques infestados de serpientes, hemos corrido para evitar los perros de la policía. Los que hemos llegado hasta aquí, ya hemos ganado la primera ronda de la competición, porque seguimos vivos. Y después de este entrenamiento tan extremo, somos capaces de enfrentarnos a cualquier contrincante.
Un pesimista como el traductor quizás no habría llegado tan lejos.
Además, la gloria tiene muchas formas y es caprichosa, cambia de amigos con facilidad. Yo puedo ser el siguiente afortunado, especialmente porque tengo un as en la manga.
Me descalzo, me tiro sobre el colchón y abro la mochila para sacar el diccionario que me regaló aquel soldado y el libro de alemán que compré con mis últimos dólares cuando atravesábamos Austria.
Por algo soy el capitán del equipo.

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Karen M. Paramio, finalista del concurso de relatos #SueñosDeGloria de la revista digital Zenda:

Ganador y finalistas del concurso de relatos #SueñosdeGloria

De tiendas – por decir algo

Me gustaría saber cuándo y por qué se extendió la denominación de la palabra “tienda” a los establecimientos de comercio. Ahora, si me quiero referir al uso original, a menudo tengo que añadir la coletilla “de campaña” para evitar la confusión, mientras que nadie tiene problemas en diferenciar tent de shop ni Zelt de Laden (otra palabra con una evolución interesante).

Bien, la primera protagonista del artículo de hoy se llama Jacqueline Flory y es la fundadora y presidenta (no voy a malgastar mis energías con esta palabra) de la asociación “Zeltschule e.V.”, es decir, Escuela en Tienda… de campaña. Estas tiendas en cuestión se encuentran en varios campamentos de refugiados de Siria y Líbano y se construyen con el material que financia la asociación y con la ayuda física de los propios refugiados, algunos de los cuales también hacen luego de profesores.
Podéis informaros a fondo sobre este fantástico proyecto aquí: www.zeltschule.org, yo sólo os cuento dos cositas.
La primera se puede leer en la página web y dice que dan clases de cinco asignaturas: árabe, matemáticas, inglés, ciencias naturales y música. “Precisamente el hecho de cantar y bailar juntos ayuda mucho a los niños en la superación de sus traumas.”
La segunda la he leído hoy en mi periódico, en una entrevista de Ingrid Grohe a la señora Flory, donde explica que, debido al confinamiento por la pandemia, los campamentos tienen que hacer homeschooling, o sea, ‘enseñanza en casa’. Sí, habéis leído bien, pero no, no es una teleescuela como la vuestra, digital. En los campamentos los maestros pasan personalmente cada mañana por todas las tiendas donde viven los niños y les entregan las hojas con los deberes, que luego recogen en otro paseo por la tarde.
Hala, ya podéis hacer donativos a la asociación o comprar peluches cosidos por las madres refugiadas.

La segunda información que os traigo está un poco relacionada con la anterior, pues trata de una profesora de alemán para refugiados. Esta mujer, de nombre desconocido, tiene un blog llamado eklastic que descubrí hace algunas semanas y sigo con interés. Allí cuenta sus experiencias en las clases con sirios y afganos, algo parecido a lo que yo escribía en los primeros artículos de karensmultikulti, antes de centrarme en la ayuda personalizada a mi ahijado afgano y la llegada de la familia siria a mi vecindad. Pero ella es más valiente que yo: sus artículos son bilingües, inglés-alemán.
En mi descarga diré que también son más breves 😉 y que yo no necesito más seguidores que los 22 que tengo en estos momentos 😀

Y lo tercero que os comento estaba en el periódico de ayer y dice que el número de peticiones de asilo en la Unión Europea, Noruega y Suiza, entre enero y agosto, se ha reducido en un tercio con respecto al mismo periodo del año anterior, principalmente por la pandemia – no porque se estén solucionando los problemas en los países de origen. La mayoría de las solicitudes tuvieron lugar en el mes de agosto por parte de sirios, afganos, venezolanos y colombianos.
Sí, queridos amigos españoles, parece que la proporción de solicitantes de asilo procedentes de Marruecos y países subsaharianos no es significativa para el total europeo, aunque vosotros creáis haber visto muchos de ellos en vuestras islas y costas. Eso sí, los peticionarios hispanohablantes os tocan a vosotros en un 90% de los casos.
Podéis encontrar estos y otros datos sobre la evolución del asilo en Europa en la propia página de Easo, la oficina europea de apoyo al asilo.

Bien, es todo por hoy, queridos. Ya os he dicho que yo no necesito propaganda, pero pensad si mis temas la merecen. Os deseo un buen fin de semana. Cuidaos mucho.

Unos cálculos

Ya sé que en una vida anterior fui ingeniera y me encantaba resolver ecuaciones y hacer derivadas, pero en el fondo nunca se me han dado bien los cálculos de cabeza, así que tendréis que ayudarme un poco. A ver, si en el campamento de Moria vivían unas 13.000 personas y parece que Alemania y Francia se comprometen a acoger en total a 400 menores no acompañados, ¿cuántas personas sin techo y sin perspectivas nos quedan?

Cambiemos de tema, que soy muy empática y luego no duermo.

No sé cuántos os habéis enterado de las terribles inundaciones que afectaron a 14 de las 34 provincias afganas a finales de agosto. Abajo os dejo una foto donde se ve cómo la tierra arrastrada por la riada ha aprisionado un automóvil, con eso os podéis hacer idea de la fuerza destructiva de la Naturaleza. Unas 3.000 familias han perdido su hogar, hubo del orden de 200 muertos y otros tantos heridos. No me suena que Alemania haya ofrecido ayudas y Francia habrá tenido suficiente con lo de Líbano, pero un grupo de amigos afganos residentes en mi ciudad ha contribuido como buenamente ha podido. Vaya, otra vez hay que hacer cálculos: si cada uno de los diez amigos afganos dona cien euros para comprar tiendas de campaña, ¿cuánto tiempo más van a tardar los políticos europeos en darse cuenta de que los refugiados son seres humanos?