Por el camino de la vida

Como siempre, no se ponían de acuerdo.
Unos decían que era una locura hacer el Camino solo, pues es más fácil superar las etapas duras en compañía. Otros, por el contrario, le prohibían juntarse con nadie, para que pudiera llevar su propio ritmo y se concentrara en sus pensamientos y sensaciones.
Unos le pronosticaban lluvias constantes, mientras los otros insistían en el peligro de una insolación y la necesidad de hidratarse.
Por supuesto, unos le recomendaban hacer pausas e incluso dar pequeños rodeos, para observan todo con detalle, tomar conciencia de las peculiaridades de cada etapa y llevarse más de cada una de ellas. Y los otros le repetían que focalizara su meta en todo momento, que quemara etapas si era necesario. Algunos también le advirtieron que bajo ninguna circunstancia debía salirse del camino prescrito, y mucho menos caminar durante la noche.
Así, lo único en lo que todos habían coincidido era en que debía hacer del camino Su Camino: una experiencia única e inolvidable.

Sobre su cabeza la Vía Láctea simulaba ser inmutable e imperecedera, y cualquier cosa parecía posible.
Quizás solo seguía un rayo de luna, quizás era realmente el resplandor de una hoguera, alrededor de la cual bailaban unas meigas. Quizás era otra cosa.
Se introdujo en el bosque con una sonrisa en los labios.


Este texto participa en el concurso #HistoriasdelCamino de Zenda e Iberdrola, y está dedicado a todos los alumnos que en las primaveras 2009 y 2010 me acompañaron en sendos recorridos virtuales por el Camino de Santiago, al tiempo que yo hacía mi propio viaje interior por el mundo de los pacientes de cáncer, y a mis alumnos de alemán de 2016, que han hecho un camino mucho más largo.

Mi nombre es Parvana

«Mi nombre es Parvana“, una novela de la candiense Deborah Ellis.

¡Qué hermoso nombre: Parvana! Es de origen persa, significa Mariposa y se deletrea prvanh پروانه

Si este libro fuera un cuento persa, Parvana podría ser la hija del Shah y vivir feliz con todas las comodidades. Pero, ay, la Parvana de esta historia tuvo la mala suerte de nacer en Afganistán entre el final de la dominación soviética y el inicio de la guerra civil.

Sus seguidores fieles la hemos conocido a los 11 años cuando, disfrazada de chico, buscaba trabajo en Kabul durante el primer gobierno talibán (El pan de la guerra = The breadwinner. ¿Por qué en español la palabra “ganapán” se convirtió en un insulto?). Después hemos caminado hambrientos con ella a través de los campos de minas en busca de un campamento de refugiados (El viaje de Parvana) y, de la mano de su amiga Shauzia, hemos escapado de la desesperación reinante en el campamento para mendigar por Peshawar, esquivando a los traficantes de órganos (Ciudad de barro).

En este cuarto libro, que también se puede leer de forma independiente, Parvana y Shauzia tienen la oportunidad de regresar a Afganistán y participar en la reconstrucción del país, ya que, tras el atentado de las torres gemelas, los estadounidenses y sus aliados han tomado el control en las ciudades más importantes. Así, Parvana y su familia (lo que queda de la natural, más la adoptada) ponen en marcha una escuela para chicas, aunque en una zona rural, lo cual tiene sus inconvenientes. Si además añadimos que los soldados aliados no son ángeles, y cualquier afgano puede ser detenido y torturado por sospecha de terrorismo, pues ya vemos que no se trata de un cuento persa lleno de mariposas.

¿Por qué recomiendo entonces un libro que va a hacer sufrir a algunas almas sensibles? Pues porque siempre es bueno salir de nuestra zona de confort por un rato y participar en nuevas experiencias, compartir emociones, aprender sobre otras culturas y ver otras realidades. Además, igual que el nombre de Malala/Malalai es, desde hace más de un siglo, un sinónimo de mujer valiente entre los pashtunes, el nombre de Parvana lo es ahora para los lectores occidentales. Porque ni ella ni sus compañeros dejan nunca que el miedo o la tristeza los bloquee completamente y buscan siempre una alternativa, una nueva esperanza.

La lástima es que, después de la nueva toma de poder de los talibanes, Deborah Ellis va a tener que escribir una secuela en la que Parvana dé sus clases en secreto y sus hijos e hijas disfrazadas salgan a la calle a buscar el pan de algunos días, si hay suerte.

Mi copia en inglés, “My name is Parvana”, publicada por Oxford University Press en 2013, consta de 230 páginas con letra bastante grande, incluye dos mapas, una biografía de la autora y una nota explicativa de cómo entrevistó a diversos niños en campamentos de refugiados. El lenguaje es sencillo y directo, porque la serie está pensada como lectura escolar, y se puede devorar en un par de tardes, aunque siempre es mejor hacer la digestión poco a poco y paladear bien todos los ingredientes.

Esta reseña participa en el concurso #RecomiendaunLibro de Zenda e Iberdrola.

No llores, mi niña

Sh, no llores, mi niña, sh, no llores. Mamá está contigo y te va a contar un cuento para que duermas tranquila y feliz. Es el cuento de una niña muy lista y bonita, la niña que tú serás dentro de seis o siete años, alegre, vivaracha, confiada. En este cuento brilla el sol y tú juegas en el parque Shevchenko con los otros niños, hasta que papá te dice que es hora de volver a casa. Entonces cruzáis el bulevar del poeta y camináis cogidos de la mano por la avenida que lleva hacia la Puerta Dorada para entrar en la estación de metro Zoloti Vorota, que es tu estación favorita.

Bajáis las escaleras y llegáis a los arcos de donde cuelgan los candelabros. Tú estás muy excitada, como siempre que pasas por allí, porque tienes que llevar a papá a un lateral, hasta un mosaico concreto, para contarle un cuento. No es uno de los muchos retratos que muestran a los príncipes del Rus de Kiev, esos no importan en esta historia. Tienes que buscar el mosaico que representa la antigua Iglesia de los Diezmos, con todas sus torres y crucecitas, pues, aunque esta iglesia fue destruida por los bolcheviques hace mucho tiempo, para ti es fundamental.

Porque el cuento que entonces le cuentas a papá es el de tu extraordinario nacimiento bajo el arco donde está ese preciso mosaico, en una noche de bombardeos, como la de hoy, mientras él defendía la ciudad y mamá te tranquilizaba: sh, no llores, mi niña, sh, no llores.

Este relato participa en el concurso benéfico de Zenda e Iberdrola #VocesdeUcrania en favor de los damnificados por la guerra.