Día 0: me decido

Desde octubre de 2015 estamos escuchando que podríamos tener que alojar refugiados en nuestro polideportivo, pero nadie confirma los rumores. Por si acaso, los distintos departamentos de la asociación deportiva comienzan a organizar un plan de entrenamiento alternativo:  a unos les tocaría el gimnasio del colegio, a otros el salón de actos debajo de la iglesia católica.

Yo todavía veo esto de los refugiados muy distante, sobre todo, porque siempre se oye que sólo ciertas personas autorizadas tienen acceso a los centros de acogida y no conozco a nadie que trabaje en este entorno. Sin embargo me empieza a picar la curiosidad.
En diciembre se confirma: tendremos refugiados y harán falta voluntarios que colaboren. Como en general yo doy clase por las tardes, podría robarle un par de horas a las labores domésticas y a mi novela por la mañana y ayudar. Pero ¿a qué, cómo? No quiero clasificar ropa donada ni cocinar, lo que me gustaría es hablar con ellos, darles clase de alemán y preguntarles cómo se dice en su idioma esto y aquello.

Pero yo misma soy extranjera y aún cometo algunos errores con las declinaciones… No me van a querer.

En enero de 2016 el ayuntamiento da una charla explicativa, aunque no explica demasiado… por lo menos los concejales han preparado listas para que se apunten los voluntarios en tres grupos: servicio de taxi y acompañamiento, Kindergarten, y clases de alemán. ¿Qué hago?

Pues me apunto, y si no me quieren, ya me lo dirán.