Corderos y leopardos

Voy a casa de mi profesor de dari. Últimamente no he practicado mucho, lo reconozco. Tanto él como yo hemos tenido otras cosas en la cabeza.
Me abre la puerta y paso a su recibidor, que es al mismo tiempo la cocina. Sobre la pequeña encimera las luces del hervidor cambian de azul a verde y el agua comienza a calentarse. Es un hervidor de calidad mediocre, pero a Jakob le gusta observar la progresión del espectro lumínico hasta que el agua hierve roja. No es tan bonito como contemplar un fuego, pero es mejor que una lámpara de lava.
Jakob va vestido de futbolista, lo cual es raro, porque con los cambios de turno de la imprenta y el calor del verano siempre está tan cansado que debe hacer años que no juega al fútbol. La explicación de su atuendo es simple: las pruebas de impresión del departamento de textiles no se tiran a la basura, sino que se reparten entre los empleados. La camiseta tiene el logotipo ligeramente torcido, el del pantalón es quizás demasiado pequeño.
Apenas termino de quitarme los zapatos cuando la luz del hervidor se apaga sin haber llegado a cambiar a amarillo. Tras el proceso típico de desenchufar, mirar por todos lados, limpiar, secar, volver a enchufar, controlar que hay corriente en la cocina y que el enchufe de la encimera funciona, damos el hervidor por muerto ¡Maldita sea! Otro aparato más que se estropea, como si este fuera el mejor momento de andar gastando dinero en electrodomésticos. Jakob se apresura a decir que en lugar de tomar té, comeremos sandía.
Al abrir la nevera para sacarla, veo los paquetes de carne. Muchos paquetes, montañas de cordero. Entonces Jakob se lamenta: “Tendré que salir corriendo a comprar otro hervidor, pues el sábado es Id-e Qurbán y no puedo dejar a mis invitados sin té”.
Efectivamente, del 9 al 11 de julio de este año se celebra la fiesta del sacrificio, en recuerdo del cordero que Abraham/Ibrahim sacrificó a cambio de la vida de su hijo. Como ya dije en otro artículo, la oculsión de la Q es más gutural que la de una K, por eso transcribo el persa como corresponde. Mucha más lección de dari no vamos a conseguir hoy.
Teníamos que corregir mi traducción de la fábula de la cigarra y la hormiga. En esta versión son tres los animales que haraganean juntos en verano mientras la hormiga trabaja: el saltamontes toca la damburá, la mariposa baila, y la rana los acompaña con sus cantos. En invierno los tres se reúnen de nuevo para quejarse del hambre que pasan, antes de ir a mendigar a casa de la hormiga. Lo raro es que a la rana no se le ocurre comerse a los otros insectos. Y la hormiga se limita a soltarles un sermón, nunca llega a saberse si, como buena musulmana, al final les dará una limosna, o si por el contrario los mandará a morir al frío, como en la versión europea original.

En Afganistán: damburá; en Kazajstán: dombra

Pensando en la compra del hervidor, los regalos de Id, y la fábula, menciono en voz alta que el nuevo concurso de cuentos de Zenda va de animales, pero que esta vez no tengo ninguna esperanza, no ya de ganar algo de dinero que darle después a mi desafortunado amigo afgano, sino de llegar a participar. No tengo animales domésticos y soy chica de ciudad, no me gusta acercarme demasiado al hábitat de otras criaturas.
Sobre los ratones del desván no debería escribir, pues no tuvieron un final feliz de cuento. Y en mi jardín hay muchos pájaros interesantes, pero también hay garrapatas que transmiten enfermedades feas. Los corzos que comenzaron a visitarme durante los confinamientos han perdido parte de su encanto esta primavera, cuando devoraron mis tulipanes – y los de todos los vecinos de alrededor. Ahora andamos siempre atentos para espantarlos, y mi marido hasta sale por las noches a marcar el territorio, especialmente los días en que ha comido espárragos.
“Tú paseas mucho con tu amiga francesa y su perro”, me dice Jakob, para ofrecerme una idea de historia de animales relacionada con interculturalidad, apta para mi blog. La lástima es que no siento suficiente empatía por este hermoso pastor alemán, que está enfermito y es realmente muy cariñoso. Lo siento, no me veo metida en su pellejo.
Jakob lo intenta de nuevo, mientras nos ponemos los zapatos para salir a comprar el hervidor. “A mí me gustan los caballos y las palomas. No me gustan las serpientes.” Me temo que no, por ahí tampoco vamos bien, aunque una historia con serpientes podría tener su gracia. “¿Tú sabes lo que es un palang-e barf?”
Sí, lo sé: leopardo de las nieves, animal emblemático del Hindukush y otras grandes cordilleras vecinas, amenazado de extinción en nivel “vulnerable”.
Con un poco de suerte en el próximo artículo descubriréis si de verdad soy más de gatos que de perros.
Id Mubarak!

La importancia de aprender dari

Mi profesor de dari se llama Yaqub, pero aquí todo el mundo le dice Jakob. A él no le molesta. Por eso, cuando él cambia las vocales o la entonación de mi nombre, no le corrijo. Mi profesor de dari me ha enseñado mucho acerca de la tolerancia.
Cuando entro en su piso, el agua del té ya está hirviendo. Nos saludamos y preguntamos tres veces por nuestro estado de salud y por la familia. Mi profesor de dari me ha enseñado la importancia de tomarse tiempo para los rituales.
Mientras me quito los zapatos escucho cómo canturrea canciones de amor y le veo medir la cantidad de té en el hueco de la palma de su mano. Después toma tres semillas de cardamomo, abre un poco las cáscaras con la uña y las echa a la tetera. Yo paso a la habitación que le sirve de comedor, salón y dormitorio y extiendo sobre la alfombra el desdarján que nos sirve de mantel. Él trae el té y un platito con pistachos y cacahuetes. Mi profesor de dari me ha enseñado las reglas de la hospitalidad.

Picoteamos, charlamos y yo voy apuntando en mi cuaderno las palabras nuevas y las frases interesantes que van surgiendo en la conversación. Una vez le pregunto si eso se escribe con “te” (ت) o con “toi” (ط), pero no lo sabe. Enseñar dari y ser analfabeto no son circunstancias incompatibles. Discretamente cambio de tema, ya lo buscaré en el diccionario de persa. Mi profesor de dari me ha enseñado mucho sobre el respeto y la dignidad.
A la hora de las noticias de Tolo News, Yaqub enciende la tele, que es pequeñita y está en el único estante de la habitación, junto a los numerosos archivadores que contienen el resumen de esta etapa de su vida. El resto de las paredes están cubiertas de hermosos pósteres de paisajes y animales. Mi profesor de dari me ha enseñado a mantener los ánimos altos rodeándose de cosas agradables.

Algunas veces, cuando telefoneo con mi padre, me pregunta para qué demonios estudio dari. Él es ingeniero y piensa de forma pragmática, como un ingeniero.
Algunas veces, cuando mis cuadernos de vocabulario se mezclan con sus revistas de finanzas, también mi marido me pregunta para qué demonios estudio dari. Él es alemán y piensa racionalmente, como muchos alemanes.
El presentador saluda y lee los titulares del día. Antes, las noticias estaban en dari y yo entendía algunas palabras. Desde que los talibán están en el poder, ya no entiendo nada.
Mi profesor de dari suspira tristemente y se disculpa. Apaga la tele y me dice que estoy aprendiendo el idioma equivocado, que, por culpa de los demonios que controlan su país, ahora todo está en pashto.
–¿Tú puedes enseñarme pashto?
El rostro de Yaqub se ilumina con una sonrisa.
–Por supuesto.
No será fácil encontrar un diccionario de pashto, pero mi profesor de dari y pashto me ha enseñado a amar Afganistán y, sobre todo, a no rendirme nunca.


Este relato participa en el concurso de Zenda e Iberdrola #MaestrosInolvidables.

Podéis encontrar más aventuras de Jakob y Karín comenzando a leer este blog desde la primera entrada en febrero 2016. Quizás, con suerte, alguna librería española todavía tiene un ejemplar de “Multikulti. Sirios, afganos y una española en Alemania”.

Flores de mayo

“El trece de mayo la virgen María bajó de los cielos a Cova da Iría”, dice la canción y celebra la gente en Fátima desde 1917.
Este trece de mayo las últimas tropas españolas abandonan Afganistán tras veinte años de servicio allí, con un balance de 102 muertos.
Este trece de mayo el número de víctimas del atentado del sábado, día ocho, en una escuela de Kabul, ha ascendido ya a 86 niñas fallecidas y sigue habiendo más de 100 heridas por la explosión de un coche-bomba y dos misiles. Los Talibanes dicen que ellos no han sido, que debe ser cosa del Daesch (ISIS).
Este trece de mayo es el día del padre en Alemania, aunque nadie me sabe explicar por qué aquí coincide con la Ascensión (en España es el 19 de marzo, día de San José). No sé si en Afganistán tienen un “día del padre”, pero con seguridad habrá 86 familias que no lo celebren.
Y el domingo, día nueve, ha sido en Alemania el día de la madre, una semana más tarde que en España. También hay 86 madres afganas que no lo habrán celebrado.
Este trece de mayo no os puedo contar el cuento afgano de la buena alumna, porque acabamos de enterrarla, en las colinas al oeste de Kabul, donde el cementerio se expande sin pausa.
Este trece de mayo ha terminado el Ramadán (Ramazan), el mes de ayuno. ¡Tengamos la fiesta en paz!
Os voy a contar otro cuento.

Las flores del Padishah

Érase una vez un gran rey persa, el padishah, que sufría porque no tenía hijos. También su ministro, el visir, se encontraba en la misma desgraciada situación.
Un día los dos hombres decidieron dejar sus palacios y partir en busca de una solución o un consejo. Salieron al amanecer y caminaron y caminaron, hasta no poder más, y entonces se sentaron a descansar en un jardín muy bonito que había allí cerca y se quedaron dormidos.
Al despertar, el padishah y el visir vieron que un hombre muy apuesto los estaba observando. “¿Qué hacen usted aquí? ¿Por qué han venido a mi jardín?”, les preguntó. Y ellos respondieron la verdad: “Somos el padishah y el visir, y hemos dejado atrás nuestros palacios en busca de consejo, porque no tenemos hijos”.
Entonces el hombre tomó dos manzanas de su jardín, se las mostró, y les dijo: “¡Idos! Tomad las manzanas y llevádselas a vuestras esposas, y, si lo merecéis, Dios hará que uno de vosotros tenga un hijo, que debe llamarse Zahir, y el otro tendrá una hija que se llamará Zohra. Y a estos dos no debéis separar nunca y entonces todo irá bien.”

El padishah y el visir tomaron las frutas, regresaron a sus palacios y entregaron a sus esposas las manzanas de aquel misterioso hombre. Y todo se cumplió como él había dicho. Pero ¡oh!, el muchacho Zahir nació en la casa del visir, y al padishah le nació una niña, y eso no le hizo nada feliz. Sin atender a los ruegos de su esposa, el padishah tomó a la pequeña Zohra y la llevó a casa del visir, a quien pidió que la matara. Por suerte el visir aún tenía en mente el final de la profecía del hombre del jardín, y decidió esconder a Zohra en su casa y criarla junto a su hijo Zahir. Para contentar al padishah, mató una paloma y le llevó al rey su corazón.

Años después el padishah comenzó a lamentar su decisión, y un día en que vio a Zahir jugando en el patio del palacio del visir, le dijo a su ministro: “Ay, si mi hija viviera, también sería ya así de grande”. Entonces el visir supo que podía decirle la verdad y devolverle a su hija Zohra, y el padishah la aceptó con gusto.
Los dos niños iban juntos a la escuela, se sentaban juntos y estudiaban juntos. Al cabo de un tiempo el padishah empezó a sentirse molesto por esta amistad y pidió al maestro que cambiara a Zahir de clase. Pero los dos adolescentes hicieron un agujero en la pared y siguieron comunicándose de ese modo.
Entonces el padishah se enfureció y mandó meter a Zahir en una caja de madera y arrojarla al río. A continuación inició los preparativos para casar a su hija con otro hombre.

Río abajo, en el país vecino, dos de las hijas del shah de aquella región estaban sentadas a la orilla del río y vieron la caja que flotaba corriente abajo. La mayor dijo: “Quiero esa caja. La caja me pertenece.” Pero la pequeña era más astuta y dijo: „Yo quiero el contenido de la caja.» Entonces Zahir fue rescatado y se casó con la hija menor del shah.
Pero Zohra no lo había olvidado y mandó caravanas en todas las direcciones con la misión de encontrar a su amado. Los caravaneros debían recitar los versos favoritos de Zahir y de ese modo él se daría a conocer. Así ocurrió y así regresó Zahir con la caravana, y Zohra lo escondió y vivió con él como si fueran esposos.
Pero su marido sospechaba algo y fue a hablar con el padishah, quien ordenó que lanzaran a Zahir a un pozo profundo.
Una vez más, Zohra logró rescatar a Zahir y pudieron vivir en paz por un tiempo. Pero el padishah oyó rumores de que el joven no había muerto y finalmente ordenó que Zahir fuera asesinado. Nada puede devolver la vida a un muerto, ni siquiera el amor más grande del mundo, por eso Zohra decidió seguir a Zahir al Más Allá y se suicidó.
Los dos amantes fueron enterrados juntos y, poco después, sobre su tumba crecieron unas flores maravillosas. Entonces el padishah comprendió por fin que había cometido un error.

FIN

Notas:
1 Los versos se recitan cantando, como cuando se lee el Corán, por eso en persa “leer” y “cantar” son el mismo verbo, y “reír” tiene también la misma raíz. ¡Vaya lío!
2 Zahir significa “revelación”, es uno de los 99 nombres de Allah. Tanto Borges como Coelho han escrito textos con el título “El Zahir”, donde un objeto o una persona se vuelve el centro obsesivo de la atención de alguien.
3 Zohra era la antigua diosa persa de la música, y por eso la primera orquesta femenina de Afganistán se llama también así http://www.zohra-music.org