Se busca…

La Navidad ya está aquí. Regalos, regalos y más regalos. El que no sonríe, es que no se ha contagiado aún con el espíritu navideño. Fiesta, fiesta.
Además hay que hacer memoria de las cosas que han acontecido en el 2019, antes de que se acabe y hagamos borrón y cuenta nueva. ¿No es cierto?

¿Jugamos a algo?

Se busca un país, un lugar muy especial, que durante este año haya cumplido estas características:

a) No ha sufrido ni se ha implicado en ningún conflicto bélico, no ha sufrido estado de sitio, invasión ni atentados terroristas.
Ya podemos eliminar un buen número de países. Primero, los clásicos: Yemen, Siria, Afganistán, Ucrania, Somalia, Arabia Saudí, EE.UU…; luego, los afectados por el grupo Boko Haram: Nigeria, Chad, Camerún…; el conflicto de Cachemira entre India y Pakistán; México y el narcotráfico; Palestina, Israel…

b) No ha usado la violencia contra sus propios habitantes por motivos políticos ni étnicos.
Adiós Venezuela, Birmania, China, Bolivia, Chile…

c) No ha sufrido víctimas por catástrofes naturales.
Incendios en Australia, erupción volcánica en Nueva Zelanda… ¿Cuántos países europeos quitamos aquí? Inundaciones en Francia, temporal en España, terremoto en Albania…

d) Se han respetado los Derechos Humanos, no ha habido casos graves de corrupción, no hay violencia de género, no hay crisis económica, no hay riesgo de que el idílico país desaparezca por el aumento del nivel del mar…

¿Nos queda algún país así?
Quizás, quizás.

Pero… no te hagas ilusiones, no van a aceptar tu petición de asilo.

¿Entiendes ahora el significado de la Navidad? Aprovecha lo que tienes y ayuda a los que no tienen ni eso.

P.S.: Un recuerdo de hace 3 años:
Prueba de agudeza visual: ¿Cuántos desplazados, refugiados, extranjeros y personas de nacionalidad dudosa acuden con esperzanza a este alojamiento de emergencia a celebrar el nacimiento de un hombre que dijo: «Amaos los unos a los otros»?

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Recuerdos en un 9 de noviembre

Un día como hoy, hace 100 años, se inició la primera democracia parlamentaria en Alemania, la república que se proclamó en la ciudad de Weimar, y que terminó el 30 de enero de 1933 con la llegada de Hitler al poder.
La democracia es frágil, no hay que darla por sentado y hay que cuidarla.

Una noche como hoy, hace 80 años, la noche de los cristales rotos, o la noche de los pogromos, ese mismo canciller Hitler ordenó los primeros ataques públicos a ciudadanos alemanes de confesión judía y la destrucción de sus negocios.
Recientemente he oído comentar que el número de antisemitas en Alemania no ha crecido sustancialmente en los últimos años, pero su agresividad sí ha crecido.
Me lo creo.

Una noche como hoy, hace 29 años, cayó el muro de Berlín y se inició la reunificación de Alemania.
Todavía existen diferencias en la situación económica de los estados del este, todavía hay quien lleva un muro en la cabeza.

Hoy, no sé por qué, totalmente sin venir a cuento, porque no fue en noviembre ni probablemente en un día 9, he recordado mi primer encuentro con un refugiado.

Ocurrió delante de un cine en una calle de Ratisbona/Regensburg, tanto él como yo estábamos solos y aburridos, pero yo me negué a entrar al cine o a un café con él.
Era 1996 y él venía de Yugoslavia.

La respuesta que no necesitaba escuchar

En la última entrada me preguntaba qué habrían pensado y sentido mis amigos sirios al oír las explosiones de los cohetes de Año Nuevo, pero ni por asomo pretendía formularles la pregunta en persona. Sin embargo, de manera inesperada, he recibido una respuesta.

En realidad estamos hablando sobre la hija mayor, de 9 años, que prefiere dormir en el salón en lugar de con sus hermanos en el dormitorio. Y entonces es cuando la madre, que no tiene todavía ni el nivel A1 de alemán, consigue hacerme comprender lo siguiente:

“En Daraa, nuestra ciudad, mi hija tampoco dormía con nosotros. Le gustaba más ir a casa de su tía, en la puerta de al lado. La hermana de mi marido es soltera y por eso tenía una habitación libre para mi hija. Pero mis otros hijos y yo dormíamos en el suelo de la cocina, que daba al interior. Nuestros dos dormitorios daban a la calle y por la noche no era seguro dormir allí, con los disparos y las explosiones.

De día estábamos siempre en la casa. Cada vez que caía una bomba cerca, el pequeño gemelo corría a esconderse debajo de la mesa de la cocina. Los niños no podían jugar en la calle. Una vez los hijos de una vecina jugaban afuera y una bomba cayó sobre ellos. Los trozos que quedaron eran tan pequeños que la pobre mujer no pudo saber cuál correspondía a cada niño. Yo no salí, para no verlos. Eran cinco niños.”

Sorprendentemente me lo está contando con calma, casi en el mismo tono con el que me suele relatar las últimas hazañas de sus gemelos. Y yo, que hasta entonces me había estado imaginando las habitaciones, la estrecha cocina de techo bajo y hasta la mesa, decido dejar también mi fantasía dentro de la casa, para no verlos.

Mientras la madre aún niega con la cabeza, el padre aprovecha para hablar él, porque, aunque yo no había querido preguntar, ellos necesitan sacárselo de dentro.

“Una vez estuvimos 18 días sin poder salir de la casa. Estábamos muy nervioso todo el tiempo. Los soldados patrullaban las calles, a pie o con vehículos. A veces disparaban durante un rato desde un tejado, para que la gente no saliera de las casas. Después de los 18 días los soldados dejaron que una mujer saliera de cada casa para comprar comida y volver rápido. Una mujer, nada de hombres.

Mi sobrino tuvo un problema. Compró para su móvil la tarjeta SIM de otro hombre y entonces vinieron los soldados y lo llevaron a la cárcel. Cada día le preguntaban dónde estaba ahora el hombre que le vendió la tarjeta. Como él contestaba que no lo sabía, que él sólo había comprado la tarjeta y no era amigo del hombre, los soldados le quemaban el cuerpo con cigarrillos. Después de 40 días de preguntar le dejaron libre y entonces yo le dije a mi hermano que me iba del país y me llevaba a mi sobrino y él dijo vale.

Después, cuando yo ya estaba en Alemania, una vez hablaba por teléfono con mi mujer y escuché un ruido terrible y la llamada se cortó. Yo estaba muy preocupado y después de unos minutos de intentar llamar de nuevo, por fin pude hablar con ella. Había estado sentada en el suelo cerca de la ventana de un dormitorio y una bala rompió el cristal y entró hasta la pared de enfrente.”

Su esposa se agacha y escenifica la historia mientras el marido repite dos veces la palabra “bala”, que acaba de aprender. Mi imaginación todavía está en el interior de aquella casa de Daraa, viendo los cristales caídos sobre mi amiga, pero, por suerte para mí, la ciudad en ruinas no existe en mi mente y no tengo familiares que se hayan quedado allí.