Sacrificio por amor

Los musulmanes están de fiesta: desde el domingo 11 al martes 13 se celebra la fiesta del sacrificio, que recuerda la sumisión de Ibrahim (Abraham en la Biblia) a la petición de Dios de que sacrificara a su hijo Ismael (su hermano Isaac según la Biblia). Felizmente Dios acabó perdonando la vida del muchacho y en su lugar fue sacrificado un cordero.

MI ahijado afgano y sus tres amigos no tenían ayer ningún cordero que poder sacrificar y repartir en las tres partes reglamentarias (una para el ofrendante, otra para los amigos y vecinos, la tercera para los pobres y necesitados), pero se reunieron igualmente para cocinar y comer juntos.
El menú consistió en bolaní, que son una especie de empanadas rellenas de patata (de unos 25cm de diámetro), la refrescante bebida doj de yogur con pepino (doogh en la grafía inglesa – parecido al ayran turco), y una salsa picante para mojar, de nombre chakni (el bol de la izquierda, parece que les ha salido poco verde, pero no importa).

Bolani

Hoy he tenido el honor de ser invitada a comerme los restos del banquete 😉
Y “de postre” hemos visto un reportaje afgano en youtube – por suerte con subtítulos en inglés, mi dari aún no da para mucho más que no morir de hambre.

El título es “criminales por amor” y ha sido rodado en la cárcel de mujeres de Kabul.
De las 125 reclusas, dos tercios están acusadas de delitos que cualquier europeo puede condenar: tráfico de drogas, colaboración con el ISIS, asesinato de un familiar, secuestro de niños para pedir rescate… El otro tercio están acusadas de delitos morales: abandono del hogar conyugal, encuentros no consentidos con varones que no son de la familia, relaciones prematrimoniales…
Mi ahijado y yo nos miramos. Cada uno intenta saber qué está pensando el otro, y ya nos conocemos suficientemente bien como para adivinarlo. Finalmente él dice: “aquí hay que cumplir las reglas de aquí, allí hay que cumplir las reglas de allí”.
Pero yo sé, porque él mismo me lo ha dicho, que se veía a escondidas con una chica, con la que con gusto se hubiera casado, de no haber interferido los talibanes en su vida. Él también ha incumplido las reglas – por amor.

Que no me pidan nunca que sacrifique a un hijo.

La caricatura

Estaba por callarme e ignorar, ya que investigar y presentar los resultados me lleva más tiempo de lo que el asunto se merece. Pero si no me quejo, volverá a pasar y se propagará. Con su pasividad uno se puede hacer cómplice de crímenes terribles.

Resulta que recientemente he recibido a través de las redes sociales una caricatura a la que no sólo no le veo la gracia, sino que me ofende por su incitación al odio. Si la hubiera recibido en alemán, habría pensado que se trata de una propaganda de AfD, el partido populista-nacionalista, y habría bloqueado a su remitente. Pero la he recibido en español y eso me irrita casi más, porque aún tiene menos sentido. Aunque probablemente tampoco es el idioma original. Abajo a la izquierda, aparece la dirección de una curiosa página de internet en inglés con una mezcla de contenidos bíblicos, alusiones al presidente estadounidense y análisis de fake news. Hm.

Como no quiero que nadie copie de aquí la caricatura, la he mutilado. Si alguien la necesita completa, que me explique sus motivos en paramio@gmx.net.
malchiste_tachado
A la pregunta del niño sirio, de por qué huyen a Europa en lugar de a un país árabe “vecino” y rico, el padre responde que se trata de una colonización en nombre del Islam, y que además van a recibir ayudas económicas. La hemanita, además, insulta al crío, para que no les estropee el plan.

Esto es lo que se me ocurre espontáneamente, sin buscar datos:

1) Si miro un mapa de Oriente Próximo y trato de llegar desde Siria a Arabia Saudí, puedo atravesar los desiertos jordanos para llegar a los desiertos árabes, o puedo intentar cruzar la frontera del militarizado Israel. No parece mejor que ahogarme en el Mediterráneo.
2) Si consigo llegar a Arabia Saudí, me enfundan en una abaya, me ponen un hiyab y no puedo conducir ni salir de casa sin permiso. Eso no son las costumbres sirias. Mi amiga Mariam era maestra y no se puso hiyab hasta su boda, y entonces ya tenía 35 años. Además, si sospechan remotamente que en algún momento de mi vida pudiera haber simpatizado con El-Assad, me encarcelan y torturan.
3) No todos los sirios son musulmanes, algunos son cristianos, otros son yesidis (alemán: Jesiden), y los musulmanes se dividen a su vez en sunníes y chiíes, y a veces no se toleran entre ellos, como no lo hacían los católicos y los evangélicos en el siglo XVII. De ahí el conflicto entre Arabia Saudí e Irán.
4) Que haya una élite enriquecida por el petróleo, no significa que el pueblo sea rico, ni que allí se viva bien. Petróleo hay también en Venezuela…
5) En Alemania, que probablemente es uno de los países que más ayudas da, los parados de larga duración y los refugiados reciben 400 euros al mes. ¿Justifica eso una “colonización”? ¿Qué reciben los parados en España?

Ahora, un par de datos curiosos:
Líbano: 6 millones de habitantes, 1 millón de refugiados sirios acogidos.
Jordania: 10 millones de habitantes, 650.000 refugiados sirios acogidos, 2 millones de refugiados palestinos.
Alemania: 82 millones de habitantes, 700.000 refugiados sirios acogidos.
España: 46 millones de habitantes, 2.874 refugiados sirios acogidos.

Sin entrar en excesivos detalles, unos extractos del informe 2017/18 de Amnistía Internacional sobre el estado de los Derechos Humanos en un par de países árabes “ricos”:

Arabia Saudí: “Las autoridades restringieron severamente la libertad de expresión, de asociación y de reunión. (…) Varios activistas chiíes fueron ejecutados, y muchos más fueron condenados a muerte en juicios manifiestamente injustos ante el Tribunal Penal Especializado. La tortura y otros malos tratos bajo custodia continuaban siendo práctica habitual. Pese a limitadas reformas, las mujeres sufrían una discriminación sistémica en la ley y en la práctica y no recibían protección adecuada contra la violencia sexual y de otros tipos. Las autoridades hicieron amplio uso de la pena de muerte y llevaron a cabo decenas de ejecuciones. La coalición dirigida por Arabia Saudí siguió cometiendo violaciones graves del derecho internacional en Yemen.”

Kuwait: “Las autoridades continuaron restringiendo indebidamente la libertad de expresión con medidas como enjuiciar y encarcelar a personas críticas con el gobierno y prohibir determinadas publicaciones. Se seguía discriminando a la minoría bidun, a la que se negaban los derechos asociados a la ciudadanía. Los trabajadores y las trabajadoras migrantes continuaban sin gozar de protección adecuada contra la explotación y los abusos. Los tribunales siguieron imponiendo condenas a muerte y, tras un paréntesis de cuatro años, se reanudaron las ejecuciones.“

Emiratos Árabes Unidos (Dubái es uno de los 7 emiratos): ”Las autoridades siguieron restringiendo arbitrariamente el derecho a la libertad de expresión (…) Las mujeres seguían estando discriminadas en la legislación y en la práctica. Los trabajadores y las trabajadoras migrantes continuaban expuestos a sufrir explotación y abusos. Los tribunales siguieron imponiendo condenas a muerte. Se llevó a cabo una ejecución.“

Y para que veáis que no tengo nada en contra de las caricaturas con refugiados, os pongo la del 8 de mayo en mi periódico regional, Main Post. El caballero anuncia al niño migrante la última propuesta del partido de derechas CDU/CSU: “Ahora vas a tener clases de valores morales (en la escuela)”. A lo que el chaval responde: “¡Qué bien! ¿Vamos a empezar con el escándalo de las emisiones de Diesel?”
Werte

El que aún me encuentre partidista, que se lea Las ovejas negras.

Fuentes:
Agencia para Refugiados de las Naciones Unidas (UNHCR):
http://data2.unhcr.org/en/situations/syria/location/71
http://data2.unhcr.org/en/situations/syria/location/36
https://data2.unhcr.org/en/country/esp

Y los datos para Alemania:
https://de.statista.com/statistik/daten/studie/1221/umfrage/anzahl-der-auslaender-in-deutschland-nach-herkunftsland/

Aquí se puede leer el informe completo de AI sobre estos y otros países: https://www.amnesty.org/es/latest/research/2018/02/annual-report-201718/

¡A comer!

Se acabó el mes de ramadán y, afortunadamente, no hubo atentados ni en Alemania ni en Afghanistán, así que puedo escribir un artículo banal que hable de comida. Hm, hm, rico, rico.

Puesto que el primer día de la fiesta grande musulmana ha caído en domingo, mi familia y yo hemos repartido las celebraciones de este modo: almuerzo con el afgano, cena con los sirios.

Para la comida con Jakob yo tenía varias ideas. Por ejemplo, volver a cocinar aquella dopiaza de pollo del año pasado, iniciando así una nueva tradición familiar; o bien pedirle a Jakob que me diera cinco raciones de su arroz favorito y aventurarme a cocinarlo yo ese día. La opción de comer nosotros cuatro en el apartamento del afgano no era viable, no tanto por la falta de espacio, sino por el calor que íbamos a pasar, ya que su ventana da al sur, no tiene persianas y el sábado habíamos sufrido 32°C.

Al final fue mi señor esposo el que tomó la decisión: mejor salir a comer fuera y así no recalentar tampoco nuestra casa. A falta de restaurante persa en la región, elegimos un italiano, ya que, en general, con pasta o pizza se le facilita enormemente la vida a las familias con niños malos comedores (entiéndase mi hijo menor).

Jakob llegó puntual al restaurante, estrenando con orgullo camiseta y pantalones de color oliva (que habíamos elegido juntos en la sección infantil de un gran centro comercial), y pidió un té frío y una pizza de atún. Los demás hicimos lo propio y almorzamos en armonía hasta quedar satisfechos. Bueno, mi querido esposo le encontró alguna pega a su plato de tagiatelle, pero como la idea de comer allí había sido suya, no se quejó demasiado.

Torre2

Por fortuna el cielo estaba ligeramente nublado y sólo se alcanzaron 29°C, lo que nos permitió dar después un paseíto digestivo y subir a contemplar la ciudad desde los jardines de la fortaleza. El bueno de Jakob estuvo tratando de localizar las dos mezquitas que conoce (la turca y la árabe), pero en esta ciudad los discretos minaretes se pierden entre la abundancia de torres de iglesia y nos costó convencerlo de que la chimenea de la antigua lavandería del hospital universitario no es uno de los minaretes.

A media tarde nos despedimos y Jakob fue a reunirse con sus amigos Noori y Ali, quienes pasaron la noche con él para continuar con la celebración al día siguiente, yendo juntos a la piscina. Siguiendo con el programa, a las 6 de la tarde mi familia y yo nos encaminamos al piso de los refugiados sirios.

Yo había estado más de dos semanas dándole vueltas al tema de los regalos. La madre, llamémosla Mariam, no para de darme cosas, ya sea café, comida, chocolatinas para mis hijos, o almendras, aquel monedero azul y naranja, y el desodorante… Yo he llevado un par de veces algunos juguetes pequeños y he imprimido mandalas y otros dibujos para colorear, en un intento de tener a los críos ocupados mientras doy clase, pero las hojas de papel acaban con frecuencia rasgadas y abandonadas, y en mi siguiente visita no hay manera de saber dónde están los juguetes o qué han hecho con ellos. Así que no tenía muchas ganas de comprar grandes regalos para esa pequeña horda destructora y decidí entregar a los niños una muy educativa pizarra blanca magnética con imanes en forma de letras y números de colores, pero sin rotuladores, por el riesgo de que los gemelos diabólicos se pinten la ropa, o el suelo o las paredes. A Mariam le llevé un neceser con todas las cremas y cosas de maquillaje que me regala mi alumna peluquera y que no me da tiempo a usar. Hay que reciclar, señores, el mundo no está para andar derrochando.

Mariam y su marido nos saludaron a todos efusivamente: a Christian le dieron la mano, a mí y a mis hijos nos dieron besos (tres, cuatro, depende). Y eso que mi hijo mayor ya mide 1,70m y tiene una sombrita oscura sobre el labio superior, ya no es un niñito. Además mis dos chicos iban vestidos de negro: el mayor porque, siguiendo los pasos del padre, es amante del rock duro; el menor porque al parecer era “lo que se llevaba” esa semana y él se atiene siempre a los dictámenes de la moda.

El pequeño Akram, que siempre anda haciendo travesuras y baila por la casa al ritmo del los vídeos musicales del móvil que le roba a su madre, estaba pasmado de ver a dos “niños” tan grandes y y amenazadores, no dijo ni mu y no se apartó de su padre en todo el tiempo. Y como su hermana melliza estaba dormida, hubo paz durante un rato.

Nos descalzamos y pasamos a sentarnos al salón. A nosotros nos cedieron gentilmente el sofá y el sillón, los niños sirios se acoplaron en un colchoneta sobre el suelo, y los padres trajeron las únicas dos sillas del comedor, las que usamos para las clases. Si alguien tiene sillas que no necesite, que lo diga, aquí hacen falta al menos cuatro.

Los anfitriones hicieron circular una bandeja con galletas rellenas de pasta de higo y tratamos de conversar en la medida de nuestras posibilidades. Además de hablar de su piso y de las notas de mis hijos, descubrimos que en Siria Mariam había sido maestra y su marido taxista, pintor de brocha gorda y reparador de televisores. Después llegó la hora de extender el mantel sobre la alfombra y echarnos al suelo a comer de la manera más tradicional que existe en el mundo.

Mariam había preparado algo que ella llama kubba (un kubba, muchos kebbá), y que la wikipedia registra como kibbah, que son unas albóndigas de carne picada con cebolla y especias, recubiertas de bulgur y fritas. Además había una ensalada muy picadita de pepino, tomate, perejil y zumo de limón, y… una pizza. Porque con la pizza ella esperaba hacer las delicias de mis hijos, sin saber que el pequeño es mal comedor y uno de los ingredientes que rechaza son los champiñones. A pesar de eso mi retoño consiguió acabarse la ración que le sirvieron sin dejar demasiados restos en el plato.

A la cena de fin de ramadán también había estado invitado el ayudante alemán que se encarga de la burocracia de esta familia, pero, por desgracia, su mujer se encontraba indispuesta y no pudieron asistir, así que mi marido y yo tuvimos que comernos lo que hubiera sido su parte. Si alguien esperaba adelgazar durante el mes de ayuno, que sepa que la fiesta final le devuelve todos los kilos de golpe. Y es que las madres sirias son como las italianas o las españolas: gustan de cebar a los invitados. Debe ser efecto del sol o del aire mediterráneo.

Para redondear la cena hubo café árabe y tuvimos que llevarnos a casa los restos de pizza y la mitad de las galletas de higo… El próximo lunes tengo otra vez cita con Mariam, pero no para darle clase de alemán, sino para recibir yo clase de cocina: insiste en enseñarme a hacer kubba.

P.S.: Que los refugiados tengan no solo comida suficiente, sino ganas de compartirla y celebrar, no es banal.