Una nueva alumna

Sí, he vuelto a hacerlo: he comenzado a dar clases de alemán a una mujer siria. Ya sé, ya sé, con mis hijos, mis clases de español y Jakob tenía ya más que de sobra, pero es que se trata justamente de la situación típica que discrimina a las madres extranjeras y les impide integrarse. No podía cerrar los ojos ante un caso que está ocurriendo delante de mis narices, en la calle de al lado.

Se trata de una familia que acaba de encontrar un piso aquí, en mi pueblo, y todavía se están organizando. Oficialmente tanto el padre como la madre están obligados a participar en un curso de integración. El padre lleva ya un tiempo en Alemania y desde hace unos cuantos meses va a clase y ha alcanzado nivel A1. La esposa y los hijos han llegado más tarde a la ciudad, con un programa de reunificación familiar. La hija mayor, de 7 años, recibe clases en la escuela, ya habla un poco y está aprendiendo a leer y escribir. Los tres menores, una niña de 5 y unos mellizos (niño/niña) de 3, no han encontrado todavía plaza en ninguna guardería.

Si el padre va a clase de 13 a 17 horas y necesita 30 minutos de viaje, y los turnos de mañana en los cursos de alfabetización son de 8:30 a 12:30h, con su media hora de viaje correspondiente, ¿cómo hace la madre para ir a clase y no dejar solos a los tres pequeños?

Conclusión: allá va Karen 3 o 4 veces por semana a practicar conversación y darle clases de gramática con una mano mientras con la otra hace dibujos para Sama y Savari, al tiempo que la madre escribe el vocabulario con una mano y con la otra limpia el chocolate o los mocos de Akram.

Sólo hasta que se aclare el tema de la guardería, me digo a mí misma y le repito a mi familia y a mi afgano. Pero está claro: soy una mala ayudante, que se implica afectivamente, y no puedo evitar emocionarme cuando los niños me muestran los dibujos que han coloreado, o me ofrecen gominolas (que no son halal, por la gelatina, aunque cuando se lo he explicado a “mi nueva amiga” le ha quitado importancia) y ya me veo ayudándola con los deberes cuando vaya al curso oficial o acompañándola al parque con los críos cuando el tiempo mejore.

Mi nueva alumna es muy trabajadora, tiene la ventaja de haber aprendido algo de inglés en el colegio, así que ya conoce el alfabeto y puede llenar hojas y hojas repitiendo el vocabulario. Además muestra mucha curiosidad, propone temas, hace preguntas. Es, claramente, una mujer con ganas de integrarse y me siento orgullosa de estarla ayudando.

El primer día me recibió con un plato de arroz largo (aunque no tan rico como el de Jakob) y bamia (okra), una verdura que también mi afgano pone por las nubes, pero que yo aún no había comido nunca (algún día tendré que probar la versión de Jakob). Teniendo en cuenta que eran las 3 de la tarde y a la una y media yo había almorzado lasaña con mi familia, se comprenderá que sólo me comiera medio plato y le sugiriese que la próxima vez me diera un cafecito. Ahora, ya sean las 3 o las 10 de la mañana, siempre me tiene un café preparado, y, ojo, qué café, quita hasta la migraña.

Para tener a los niños ocupados suelo llevar dibujos para colorear y, el primer día, un estuche con lápices, así como unos cochecitos para el niño, que es muy revoltoso. Así que el segundo día, comprobada mi eficiencia como maestra, yo también recibí regalos: un monedero sirio (azul y naranja, ¿alguien tiene interés?, lo envío gratis), un desodorante europeo de supermercado-descuento y unas zapatillas de estar por casa que, por suerte, pude rechazar tras demostrar que me quedaban un poco pequeñas.

Ya hemos practicado los colores, la hora, las habitaciones y muebles de la casa, así como algunos alimentos, e incluso, por el asunto de las gominolas, nos hemos adentrado en el tema de la religión… Inevitablemente seguiremos hablando del Islam, porque en una semana comienza el mes de ramadán. Se acabaron los cafecitos, hm.

Rechazamos la violencia y el terror

Hay escritores que aprovechan sus momentos de melancolía para crear sus mejores  obras filosóficas. Otros escriben inspirados por su rabia y su furia ante una situación injusta, y de esta manera consiguen personajes de caracteres fuertes y fascinantes.

Yo sólo puedo escribir pasablemente bien cuando me siento animada, porque mi idea básica al teclear es entretener a mis lectores, mostrarles escenas y ambientes positivos siempre que sea posible y no deprimirlos. Por eso los últimos días, en que no estaba muy allá de ánimos, no he sido capaz de escribir. A ver qué me sale hoy.

Lunes, 18 de julio: ataque con hacha y cuchillo en un tren en las cercanías de Würzburg. 5 heridos graves, uno sigue aún en peligro de muerte. Responsable: un refugiado afgano de 17 años que llevaba dos semanas viviendo con una familia alemana (en el mierdapueblo de Gau…, pero no eso no ha sido el detonante). En internet circula un vídeo en el que el adolescente anuncia su simpatía por el grupo terrorista Estado Islámico (aquí IS) y la familia de acogida refiere que el sábado anterior se había mostrado afectado por la noticia de la muerte de un amigo suyo en Afganistán.

Muchos de estos jóvenes que vienen sin sus familias están traumatizados por los hechos que les obligaron a abandonar familia y país, y por lo que han vivido en el viaje – han soportado mucho sufrimiento y han visto gente morir. Necesitan apoyo y tratamiento psicológico, porque alguno de ellos, como este del hacha, puede llegar a su límite y volverse loco. Estos casos extremos, son, sin embargo, la excepción – eso es lo que debemos recordar.

El martes, Jakob estaba avergonzado y atemorizado. Insinuó que se sentía enfermo, porque no quería ir a clase para no sufrir las miradas de los pasajeros del autobús, para no enfrentarse a las preguntas de la profesora y de los otros inmigrantes del curso. Yo fui a verle, hablamos, tomamos té juntos, repasamos los deberes… me preguntó tres veces qué iba a pasar ahora con su búsqueda de apartamento. Le respondí la verdad: de abril a julio he contestado a unos 60 anuncios, hemos recibido 6 invitaciones para ver los pisos, aunque 3 de las invitaciones fueron canceladas en el último momento (la última justo tras el ataque). Sólo una vez he hablado directamente con el casero, el resto del tiempo me contactan los antiguos inquilinos, estudiantes, a veces de buena voluntad, pero que no pueden influenciar a los caseros recelosos.

Ismaiel, que está en una escuela que prepara a los inmigrantes para hacer Formación Profesional, estaba también avergonzado, pero, en lugar de esconderse, él accedió a conceder una entrevista a la televisión regional en la que hablaba del rechazo de los refugiados a todo tipo de violencia. Podéis ver un resumen del vídeo en: http://www.br.de/mediathek/video/sendungen/frankenschau-aktuell/don-bosco-fluechtlingshilfe-100.html

Viernes, 22 de julio: disparos contra adolescentes en un restaurante de comida rápida de un centro comercial de Múnich, 9 muertos y numerosos heridos. Responsable: un joven alemán de ascendencia iraní, de 18 años, que desde hacía un año estaba planeando la terrible acción. Uno de sus motivos: no soportaba que la gente le confundiera con un inmigrante, se sentía tratado de manera despectiva.

Domingo, 24 de julio: una mujer es asesinada con un cuchillo de tajar Döner Kebab, otras 5 personas son heridas. Responsable: un joven refugiado sirio de 21 años, que tenía/había tenido una relación con la mujer, quien era de origen polaco y tenía 42 años (porque el amor y la falta del mismo no dependen de la edad, la religión ni las nacionalidades). El joven era conocido por sus reacciones violentas, aparentemente consumía alcohol y quizás drogas. Las ovejas negras existen.

También el domingo 24 de julio: atentado terrorista con mochila-bomba a la entrada de un festival musical, 12 heridos. Responsable: refugiado sirio de 27 años, con contactos en el grupo terrorista IS, al que se le había negado la residencia y debía ser deportado a Bulgaria, país en donde fue registrada su entrada a la Unión Europea.

No voy a entrar en grandes análisis: si habéis leído mi artículo “Testimonio: habla un afgano”, sabéis que Jakob vino huyendo de la violencia que acabó con las vidas de su padre y de su hermano, y que amenazaba la suya. Lo mismo que han hecho muchos otros afganos e innumerables sirios, que además de la amenaza del IS, sufren desde hace años una guerra civil que se había visto venir y pudo haber sido evitada – si se hubiera querido. Pero este no es el blog indicado para hablar de las provechosas exportaciones bélicas alemanas.

¿Cómo creo yo que hay que reaccionar ante la violencia y el odio? Aprendiendo desde muy jóvenes a aplicar las enseñanzas de otros que ya meditaron sabiamente al respecto, como por ejemplo: Buddha, Confucio, Eurípides, Jesús, Rousseau, Bertha von Suttner, Mahatma Ghandi, Martin Luther King, Anne Frank, John Lennon y Malala Yousafzai.

Sí, lo sé, tengo mucho de Quijote. Es el año adecuado para sacarlo a la luz.

Feliz fiesta – Id mubarak

El martes por fin acabó el mes de ramadán y dio comienzo una de las dos grandes fiestas de los musulmanes: la fiesta de fin de ayuno.

Jakob me había dicho que para él esta fiesta de tres días de duración es como nuestras Navidades, que hay que estrenar ropa, visitar a familia y amigos, comer mucho, hacer regalos y dar dinero y dulces a los niños. Y yo tenía miedo de que se deprimiera pensando en su familia.

Para tratar de acercarnos lo más posible a una fiesta familiar entrañable, comenzamos por comprarle ropa la semana pasada: en la sección infantil de una cadena de moda sueca, porque con su escaso 1,60m no hay otra manera de encontrar la talla correcta. Conseguimos dos pantalones, lo que le hizo muy feliz, y además echamos un par de camisetas a la bolsa como regalo extra. Estoy convencida de que mentalmente va sumando todas las veces que le regalo algo, aunque nada más sea el billete de autobús, y temo la llegada de mi cumpleaños, porque la revancha puede ser terrible.

El lunes por la noche volvemos a tener el mismo problema que al inicio del ramadán: algún afgano ha dicho en el alojamiento que la fiesta empieza un día más tarde y Jakob tiene dudas. Es cierto, no en todas partes del mundo coincide la fecha, pero yo le aseguro que las asociaciones musulmanas de Alemania están de acuerdo en que aquí la fiesta empieza el martes y, además, en la escuela le han dado el día libre a propósito. Él no termina de creerme y anuncia: “mañana temprano voy meskita y me dicen”.

Yo había calculado que lo del temprano iba a ser sobre las 8 de la mañana… sin embargo a las 5:50 a.m. mi móvil ya canta y vibra dos veces porque han llegado dos mensajes. Mi pobre marido salta de la cama nervioso, pero yo sé quién me escribe sin tener que mirarlo y le perdono que nos haya robado media hora de sueño. El primer mensaje dice: “estoy en meskita, hoy fiesta”. El segundo es más interesante: “rezar 6:15”. Significa que hacia las 7 a.m. habrá terminado la oración y Jakob se pondrá en camino a mi casa, porque a mi familia es a los primeros que quiere visitar, antes de quedar con el par de amigos que tiene.

Mi primera intención había sido salir a comprar salmón, que es el único pescado que comen mis hijos y que sé que le gusta a Jakob, mientras él está rezando, pero con ese madrugón que se ha pegado, toca cambio de planes: vamos juntos a la compra.

Hm, mira que en esta ocasión puede elegir libremente entre el pescado, la ternera o el cordero, que normalmente no puede comprar en el supermercado de su pueblo y tiene que traer de la tienda turca junto a la mezquita – pues se le ocurre volver a pedir pollo. Por lo menos esta vez será pollo biológico, aunque me toque explicarle de qué va lo de los pollos felices que comen sano y tienen espacio para pasear. Explicarle después que las patatas, las cebollas y los tomates también los compro “felices”, resulta un poco más complicado.

Aprovechando que esta semana nos tocan días soleados y temperaturas en torno a los 22°C, charlamos un rato en la terraza hasta la hora de cocinar. Jakob está relajado, se hace un par de fotos en el jardín, me quiere fotografiar a mí también, y no se deprime cuando explica que hace más de una semana que no tiene contacto con su familia, porque el tío se ha ido a trabajar fuera de la ciudad. Hm, y yo que había pensado que hiciéramos una transferencia por aquello de mandar dinero a los niños por “Navidad”. Habrá que esperar.

Manos a la masa. Jakob decora la bandeja del horno con tanta delicadeza que parece que estuviera haciendo una obra de arte: en el centro unos aros de cebolla, a su alrededor los muslos de pollo, en el borde exterior alternan patatas y cebollas, y después toda la verdura queda cubierta con rodajas de tomate. Le pregunto si este plato tiene un nombre especial y me dice que sí, que es “dopiaza”, donde “do” es “dos” y “piaz” es “cebolla”. Más tarde lo busco en internet y… bueno, ya se sabe que cada uno en su casa cocina una paella diferente… pero al menos podríamos haber comprado cordero.

Mi marido no puede venir a comer, pero mis hijos se abalanzan sobre la “dopiaza” de pollo como si no hubieran comido en una semana, aunque el menor, que es mal comedor, aparta los tomates y las cebollas, cargándose la “dopiaza”. Todos alabamos la comida. Sin embargo Jakob no está satisfecho con el resultado: al pollo le ha faltado un poco de tiempo, no se deja desmigajar bien con cuchara y tenedor. Le aseguro que con un cuchillo no hay problema y acabamos el almuerzo en paz.

Y puesto que somos una familia Multikulti, después de hablar alemán durante la comida afgana, nos echamos la siesta. La nuestra es breve, pero el pobre Jakob, todavía agotado por el ramadán y el madrugón de hoy, duerme feliz durante más de dos horas.

A las cinco de la tarde se despide, tiene una hora de viaje en autobús y aún debe hacer los deberes para su clase de alemán del miércoles, día en que además visita a sus dos amigos. Hoy, jueves, fin de fiesta, no se puede hacer gran cosa: los alemanes están nerviosos esperando que empiece el partido de fútbol.