Cuando me dicen que no

Es octubre de 2019 y Hanifa está nerviosa. Su inglés no es bueno, pero espera poder leer correctamente el pequeño texto que ha preparado con ayuda de Freshta, su amiga y compañera, que será la siguiente ponente. Los miembros de la Royal Geographical Society terminan de aplaudir y ella hace una inclinación con la cabeza. Un mechón se escapa de su pañuelo de flores y queda allí, junto a su boca, mientras lee:

Me llamo Hanifa Yousoufi y soy afgana. Soy la menor de ocho hermanos y cuando nací, una vecina le dijo a mi madre que no sobreviviría. Pero aquí estoy.
A los catorce años me casaron con un hombre mayor y cruel, y fui a vivir a Pakistán con él. Las vecinas me dijeron que no me quejara, que no me resistiera a los golpes, que no intentara escapar. Pero después de dos años me volví a Kabul con mis padres.
Trabajaba limpiando casas cuando mi prima me habló de Ascend Athletics. Las vecinas y los vecinos me dijeron que no debía hacer deporte, que no estaría bien visto. Pero yo comencé a entrenar.
Entonces decidí que me gustaba la escalada y me gustaba ayudar a otras mujeres a entrenar. Vecinos y parientes me dijeron que eso no servía para nada y que no podría ganar dinero así. Pero yo empecé a trabajar para Ascend.
En 2015 organizamos la primera escalada a picos por encima de 4.000 m. Algunas chicas tuvieron problemas con el mal de altura. Las guías nos dijeron que no sería una derrota abortar la ascensión. Pero nosotras elegimos un pico más fácil y subimos.
Cuando en 2018 organizamos la ascensión al Monte Noshak, los talibanes derribaron dos helicópteros cerca del aeródromo que queríamos usar, y la carretera podía estar minada o haber un ataque. Los militares nos dijeron que no llegaríamos allí vivas. Pero alcanzamos el campamento base.
Al subir a 5.000 m, otra vez tuvimos problemas con el mal de altura. Las guías nos dijeron que no debíamos arriesgarnos. Pero nos pusimos de acuerdo y yo conseguí llegar a la cima, en nombre de todas mis compañeras.
Después la Royal Geographical Society nos invitó a Freshta y a mí a venir a esta charla. La embajada británica de Kabul nos dijo que ellos no se encargarían de nuestro visado. Pero volamos a Delhi y presentamos los papeles en la British High Commission.
Entonces nos denegaron el visado. Nos dijeron que somos mujeres solteras sin propiedades ni inversiones en Afganistán, que nada nos ata al país y que no tenían garantía de que quisiéramos regresar a casa después de la charla. Pero yo les puedo asegurar que regresaremos.
Porque somos afganas: hemos luchado toda nuestra vida para cambiar la situación de las mujeres en nuestro país, y no vamos a dejar que un “no” nos detenga.

Hanifa calla, se aparta del micrófono sin colocar el mechón rebelde y vuelve a su sitio. Los asistentes a la charla no saben si aplaudir o no. Si lo que estaban esperando era un informe sobre el hielo, las rocas y las avalanchas en el Monte Noshak, ya se encargarán Freshta y Marina y las otras mujeres de Ascend de satisfacer sus deseos. Hanifa tenía que mostrarles que, para una mujer afgana, hacer montañismo no es solo un deporte – es una actitud ante la vida.


Este texto participa en el concurso #HistoriasDePioneras de zendalibros.com y no reproduce la ponencia real de la alpinista.

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P.S.: No tenía muy claro qué escribir sobre Hanifa Yousoufi, la primera mujer afgana en coronar el Monte Noshak (7.492 m), el más alto de Afganistán y el segundo del Hindukush, porque no tengo ninguna relación con el alpinismo y no sabía cómo encajarlo en este blog. Pero mientras me informaba sobre ella (hay montones de sitios en internet, buscad por su nombre o el de las guías de la ascensión: Emilie Drinkwater y Vibeke Sefland), descubrí el artículo de Sky News sobre la negativa inicial de la High Commission a concederles el visado para la asistencia a la charla de la RGS, por miedo a que pidieran asilo, malgastando así los recursos (tiempo, dinero y moral) que la organización Ascend habría necesitado invertir en Afganistán para apoyar a las mujeres.
Quijota como soy, no podía dejar semejante agravio sin comentar. Y de este modo, en lugar del prometido cuento persa de Año Nuevo, tenéis otra vez la pesadilla persa de todos los días…

Sacrificio por amor

Los musulmanes están de fiesta: desde el domingo 11 al martes 13 se celebra la fiesta del sacrificio, que recuerda la sumisión de Ibrahim (Abraham en la Biblia) a la petición de Dios de que sacrificara a su hijo Ismael (su hermano Isaac según la Biblia). Felizmente Dios acabó perdonando la vida del muchacho y en su lugar fue sacrificado un cordero.

MI ahijado afgano y sus tres amigos no tenían ayer ningún cordero que poder sacrificar y repartir en las tres partes reglamentarias (una para el ofrendante, otra para los amigos y vecinos, la tercera para los pobres y necesitados), pero se reunieron igualmente para cocinar y comer juntos.
El menú consistió en bolaní, que son una especie de empanadas rellenas de patata (de unos 25cm de diámetro), la refrescante bebida doj de yogur con pepino (doogh en la grafía inglesa – parecido al ayran turco), y una salsa picante para mojar, de nombre chakni (el bol de la izquierda, parece que les ha salido poco verde, pero no importa).

Bolani

Hoy he tenido el honor de ser invitada a comerme los restos del banquete 😉
Y “de postre” hemos visto un reportaje afgano en youtube – por suerte con subtítulos en inglés, mi dari aún no da para mucho más que no morir de hambre.

El título es “criminales por amor” y ha sido rodado en la cárcel de mujeres de Kabul.
De las 125 reclusas, dos tercios están acusadas de delitos que cualquier europeo puede condenar: tráfico de drogas, colaboración con el ISIS, asesinato de un familiar, secuestro de niños para pedir rescate… El otro tercio están acusadas de delitos morales: abandono del hogar conyugal, encuentros no consentidos con varones que no son de la familia, relaciones prematrimoniales…
Mi ahijado y yo nos miramos. Cada uno intenta saber qué está pensando el otro, y ya nos conocemos suficientemente bien como para adivinarlo. Finalmente él dice: “aquí hay que cumplir las reglas de aquí, allí hay que cumplir las reglas de allí”.
Pero yo sé, porque él mismo me lo ha dicho, que se veía a escondidas con una chica, con la que con gusto se hubiera casado, de no haber interferido los talibanes en su vida. Él también ha incumplido las reglas – por amor.

Que no me pidan nunca que sacrifique a un hijo.