Mi nombre es Parvana

«Mi nombre es Parvana“, una novela de la candiense Deborah Ellis.

¡Qué hermoso nombre: Parvana! Es de origen persa, significa Mariposa y se deletrea prvanh پروانه

Si este libro fuera un cuento persa, Parvana podría ser la hija del Shah y vivir feliz con todas las comodidades. Pero, ay, la Parvana de esta historia tuvo la mala suerte de nacer en Afganistán entre el final de la dominación soviética y el inicio de la guerra civil.

Sus seguidores fieles la hemos conocido a los 11 años cuando, disfrazada de chico, buscaba trabajo en Kabul durante el primer gobierno talibán (El pan de la guerra = The breadwinner. ¿Por qué en español la palabra “ganapán” se convirtió en un insulto?). Después hemos caminado hambrientos con ella a través de los campos de minas en busca de un campamento de refugiados (El viaje de Parvana) y, de la mano de su amiga Shauzia, hemos escapado de la desesperación reinante en el campamento para mendigar por Peshawar, esquivando a los traficantes de órganos (Ciudad de barro).

En este cuarto libro, que también se puede leer de forma independiente, Parvana y Shauzia tienen la oportunidad de regresar a Afganistán y participar en la reconstrucción del país, ya que, tras el atentado de las torres gemelas, los estadounidenses y sus aliados han tomado el control en las ciudades más importantes. Así, Parvana y su familia (lo que queda de la natural, más la adoptada) ponen en marcha una escuela para chicas, aunque en una zona rural, lo cual tiene sus inconvenientes. Si además añadimos que los soldados aliados no son ángeles, y cualquier afgano puede ser detenido y torturado por sospecha de terrorismo, pues ya vemos que no se trata de un cuento persa lleno de mariposas.

¿Por qué recomiendo entonces un libro que va a hacer sufrir a algunas almas sensibles? Pues porque siempre es bueno salir de nuestra zona de confort por un rato y participar en nuevas experiencias, compartir emociones, aprender sobre otras culturas y ver otras realidades. Además, igual que el nombre de Malala/Malalai es, desde hace más de un siglo, un sinónimo de mujer valiente entre los pashtunes, el nombre de Parvana lo es ahora para los lectores occidentales. Porque ni ella ni sus compañeros dejan nunca que el miedo o la tristeza los bloquee completamente y buscan siempre una alternativa, una nueva esperanza.

La lástima es que, después de la nueva toma de poder de los talibanes, Deborah Ellis va a tener que escribir una secuela en la que Parvana dé sus clases en secreto y sus hijos e hijas disfrazadas salgan a la calle a buscar el pan de algunos días, si hay suerte.

Mi copia en inglés, “My name is Parvana”, publicada por Oxford University Press en 2013, consta de 230 páginas con letra bastante grande, incluye dos mapas, una biografía de la autora y una nota explicativa de cómo entrevistó a diversos niños en campamentos de refugiados. El lenguaje es sencillo y directo, porque la serie está pensada como lectura escolar, y se puede devorar en un par de tardes, aunque siempre es mejor hacer la digestión poco a poco y paladear bien todos los ingredientes.

Esta reseña participa en el concurso #RecomiendaunLibro de Zenda e Iberdrola.

Cuando me dicen que no

Es octubre de 2019 y Hanifa está nerviosa. Su inglés no es bueno, pero espera poder leer correctamente el pequeño texto que ha preparado con ayuda de Freshta, su amiga y compañera, que será la siguiente ponente. Los miembros de la Royal Geographical Society terminan de aplaudir y ella hace una inclinación con la cabeza. Un mechón se escapa de su pañuelo de flores y queda allí, junto a su boca, mientras lee:

Me llamo Hanifa Yousoufi y soy afgana. Soy la menor de ocho hermanos y cuando nací, una vecina le dijo a mi madre que no sobreviviría. Pero aquí estoy.
A los catorce años me casaron con un hombre mayor y cruel, y fui a vivir a Pakistán con él. Las vecinas me dijeron que no me quejara, que no me resistiera a los golpes, que no intentara escapar. Pero después de dos años me volví a Kabul con mis padres.
Trabajaba limpiando casas cuando mi prima me habló de Ascend Athletics. Las vecinas y los vecinos me dijeron que no debía hacer deporte, que no estaría bien visto. Pero yo comencé a entrenar.
Entonces decidí que me gustaba la escalada y me gustaba ayudar a otras mujeres a entrenar. Vecinos y parientes me dijeron que eso no servía para nada y que no podría ganar dinero así. Pero yo empecé a trabajar para Ascend.
En 2015 organizamos la primera escalada a picos por encima de 4.000 m. Algunas chicas tuvieron problemas con el mal de altura. Las guías nos dijeron que no sería una derrota abortar la ascensión. Pero nosotras elegimos un pico más fácil y subimos.
Cuando en 2018 organizamos la ascensión al Monte Noshak, los talibanes derribaron dos helicópteros cerca del aeródromo que queríamos usar, y la carretera podía estar minada o haber un ataque. Los militares nos dijeron que no llegaríamos allí vivas. Pero alcanzamos el campamento base.
Al subir a 5.000 m, otra vez tuvimos problemas con el mal de altura. Las guías nos dijeron que no debíamos arriesgarnos. Pero nos pusimos de acuerdo y yo conseguí llegar a la cima, en nombre de todas mis compañeras.
Después la Royal Geographical Society nos invitó a Freshta y a mí a venir a esta charla. La embajada británica de Kabul nos dijo que ellos no se encargarían de nuestro visado. Pero volamos a Delhi y presentamos los papeles en la British High Commission.
Entonces nos denegaron el visado. Nos dijeron que somos mujeres solteras sin propiedades ni inversiones en Afganistán, que nada nos ata al país y que no tenían garantía de que quisiéramos regresar a casa después de la charla. Pero yo les puedo asegurar que regresaremos.
Porque somos afganas: hemos luchado toda nuestra vida para cambiar la situación de las mujeres en nuestro país, y no vamos a dejar que un “no” nos detenga.

Hanifa calla, se aparta del micrófono sin colocar el mechón rebelde y vuelve a su sitio. Los asistentes a la charla no saben si aplaudir o no. Si lo que estaban esperando era un informe sobre el hielo, las rocas y las avalanchas en el Monte Noshak, ya se encargarán Freshta y Marina y las otras mujeres de Ascend de satisfacer sus deseos. Hanifa tenía que mostrarles que, para una mujer afgana, hacer montañismo no es solo un deporte – es una actitud ante la vida.


Este texto participa en el concurso #HistoriasDePioneras de zendalibros.com y no reproduce la ponencia real de la alpinista.

Photo by Zhaocan Li on Pexels.com

P.S.: No tenía muy claro qué escribir sobre Hanifa Yousoufi, la primera mujer afgana en coronar el Monte Noshak (7.492 m), el más alto de Afganistán y el segundo del Hindukush, porque no tengo ninguna relación con el alpinismo y no sabía cómo encajarlo en este blog. Pero mientras me informaba sobre ella (hay montones de sitios en internet, buscad por su nombre o el de las guías de la ascensión: Emilie Drinkwater y Vibeke Sefland), descubrí el artículo de Sky News sobre la negativa inicial de la High Commission a concederles el visado para la asistencia a la charla de la RGS, por miedo a que pidieran asilo, malgastando así los recursos (tiempo, dinero y moral) que la organización Ascend habría necesitado invertir en Afganistán para apoyar a las mujeres.
Quijota como soy, no podía dejar semejante agravio sin comentar. Y de este modo, en lugar del prometido cuento persa de Año Nuevo, tenéis otra vez la pesadilla persa de todos los días…