Independencia

Nota: este artículo trata sobre la integración de refugiados, si has llegado aquí buscando otro tema, da igual, léelo, que aprender algo nuevo cada día es importante.

Mi ahijado afgano se queja al teléfono de que se le ha terminado un cierto producto de limpieza. Le digo que en mi próxima visita le puedo llevar una botella de recambio. Me responde que no, que mejor vayamos juntos a la droguería, para que él aprenda cómo encontrarlo y poder comprarlo solo la siguiente vez.
Bravo, está ganando independencia.

Mi amiga siria me muestra la lista del material escolar que hay que comprar para su hija mayor. Le digo que podemos ir juntas a la papelería, para que aprenda dónde es y cómo elegir el cuaderno correcto. Me dice que no, que lo compre yo sola, que ella está ocupada con los otros niños, que, si quiero, puede ir la propia niña conmigo y aprenderlo ella.
Hm, dentro de unos años quizás se arrepienta de ser dependiente de su hija, o de la independencia que le otorga a la chiquilla.

Mi ahijado afgano quiere hacerse una revisión rutinaria en el dentista, pero la consulta adonde iba antes de empezar a trabajar le pilla lejos y quiere cambiar de médico. Consulto en internet un dentista cerca de su piso y llamo para hacer una cita. Me piden una dirección de correo, para mandarme un formulario que hay que rellenar y reenviar antes de acudir a la consulta dentro de dos días. Como ya conozco a mi afgano, que tarda en leer los correos, doy mi dirección.
Cinco horas después aún no ha llegado el formulario. Vuelvo a la página web de la dentista y mando un correo, por si al teléfono he deletreado mal mi dirección.
Al mediodía del día siguiente, un día antes de la cita, aún no hemos recibido nada, así que decidimos ir juntos por la tarde para ver el aspecto del sitio y rellenar los papeles en persona.
No hay disculpa ni explicación de la ausencia de respuesta a mi e-mail. Eso sí, la consulta es muy nueva y lujosa y el formulario no es de papel, sino que está en una tableta. Cuando la entregamos de vuelta, la ayudante me dice: Como ya está todo firmado y sólo es una revisión de rutina, mañana ya no tiene usted que acompañarle, puede venir solo.
Yo estoy de acuerdo, será bueno para su indepencia.

Al día siguiente, cuando sale de la consulta, Jakob me llama con voz angustiada: ¿Por qué no has venido? Ahora me toca pagar 100 euros.
Yo: ¿Qué? ¿Por qué?
Jakob: La doctora dice que mis empastes se caen porque son de mal material y que debo pagar 100 euros por un material bueno.
Yo: No le hagas caso, tus empastes son nuevos del año pasado, el material normal que recomienda la seguridad social.
Jakob: Ya he firmado y tengo cita.
Yo: ¿Qué? ¿Qué? ¿Cómo? ¡Si tú no tienes dolores ni molestias de ningún tipo y sólo querías la revisión semestral que recomienda la seguridad social! ¡Tus empastes no se van a caer antes de cinco años, por lo menos!
Jakob: Tú no estabas y ella me dice que se caen y que firme.
Yo: Cuelga, que voy a llamarla.

Yo: Buenos días, llamo en nombre de Jakob, que acaba de estar en su consulta. Destruya el documento con la firma de la aceptación del empaste caro, anule la cita para taladrarle sus empastes útiles actuales y bórrelo del listado de pacientes en cuanto hayan cobrado por la consulta de hoy. Es una vergüenza que pretendan cobrarle 100 euros precisamente a un refugiado…
La chica del mostrador: Nosotros no podemos hacer ninguna diferencia en el trato…

No me ha entendido, o no me quiere entender. Por supuesto que deben atender al refugiado de la seguridad social y no sólo a los pacientes privados, pero hay que tener decencia y no engañar a los más necesitados. Yo lo siento por las pobres abuelitas alemanas a las que les estarán sacando el dinero para mantener esa lujosa consulta, a base de ponerles empastes que les durarán hasta en el más allá.

Seguiré acompañando a mis refugiados al médico, aunque parezca contraproducente para su independencia.

P.S.: Dra. H., en el número 7 de la calle que lleva a la ciudad del Vado de los Cerdos.

Feliz 2018

Yo al 2018 sólo le pido salud para poder seguir adelante con todos mis proyectos.

Anoche me acosté a las 20:00 por culpa de un ataque de migraña. Mi suegro me dijo: «Te van a despertar a medianoche». Y sí, ya incluso dos minutos antes de las doce comenzaron las primeras explosiones. Bum, bum, shhh, bum. Yo esperé tranquilamente a que pasara el tiempo y todo volviera a la normalidad, para seguir durmiendo, ya que esta vez sólo eran fuegos artificiales.

¿Qué habrán pensado y sentido mis amigos sirios?

cohete