Practicar idiomas

No me cansaré de repetíroslo: viajar en transporte público es un método fabuloso de tener aventuras interculturales. Por ejemplo, en los autobuses puedes conocer gente de diferentes nacionalidades (como le pasó a mi ahijado en este artículo) y aprender sobre sus costumbres (como cuando vi los cubos de 5 litros de yogur de esta entrada).
Hay que ser un poco lanzado y abordar a la gente sin miedo, puedes acabar descubriendo que te conocen:
>>Hola, me llamo Alberto, soy italiano, y tú eres la profesora de español, ¿verdad? Me gusta mucho practicar español.<<
Caray con Alberto, yo no lo había visto nunca por el pueblo, pero él me tiene fichada.

Mi mejor amiga, que es una francesa de origen argelino que habla seis idiomas y medio, entre ellos el español, me pidió ayer que, por favor, recogiera hoy a su madre de la estación, pues ella no podía salir a tiempo del trabajo. Como a las tres de la tarde de un viernes el tráfico en el centro es terrible y yo me pongo muy nerviosa cuando tengo que buscar aparcamiento cerca de la estación, hemos quedado en que la recogería en autobús.
Iba yo, pues, cómodamente sentada en el autobús, concentrada en desempolvar mi escaso francés para poder saludar a esta señora, pues ella no habla otro idioma, cuando a la altura de la universidad se han subido dos muchachos. Se han sentado a mi lado, otro lado del pasillo y han comenzado a hablar. Pero no en alemán, ni en inglés.
Eran dos chicos de cabello castaño, uno de ellos con ojos color avellana, el otro un poco verdosos. El de los ojos verdes gesticulaba bastante, como un español, pero no hablaban castellano ni árabe.
Pronunciaban una r suave, como la nuestra en “aro”, y la entonación de sus frases me hacía pensar en dari o farsi. Mi persa no es demasiado bueno, pero no podía ser, hubiera debido captar alguna palabra suelta, además de que los verbos en presente son muy fácilmente reconocibles, casi todos comienzan con el prefijo “mi”, eso es muy llamativo.

Si no era dari, ¿acaso era pashto, ahora que hasta las noticias de internet han cambiado de idioma para adaptarse a los talibán? O peor aún: ¿no podría ser turco y yo una idiota? Mira que en mi clase de danza del vientre escuchamos con frecuencia melodías turcas, pero nunca he sentido curiosidad por aprender más palabras que las del título de la canción de turno. Muy mal.
Uno de los chicos se ha despedido para bajar en la parada del teatro, y no he entendido siquiera cómo decían adiós. Así que finalmente le he preguntado al otro chaval, y me ha dicho que hablaban kurdo. El kurdo es una lengua indogermana perteneciente a la rama iraní.

La bandera de Kurdistán

Ahora ya puedo dormir tranquila 🙂
Además, a pesar del atasco he llegado a tiempo a la estación, he identificado a la maman de mi amiga y la he traído con éxito a nuestro pueblo. En el camino le he contado, con más gestos que palabras, cómo esta mañana le he cortado el pelo a mi hijo pintor, y nos hemos reído mucho.

Menos mal que vuelve a crecer 😀

Volver

Os contaba en este artículo que mi vecina siria quería regresar a su ciudad natal a ver a su madre y a hacer pasaportes nuevos para ella y los cuatro niños, que viajaban también al país de donde huyeron hace cuatro años. Según ella, la situación allí era muy tranquila, hacía ya seis meses que no había combates en los alrededores de Dar’a. Pues… fue comprar los billetes de avión y reiniciarse los bombardeos, como si la hubieran estado esperando a ella expresamente.
La situación en Beirut, a donde volaban, para luego seguir en automóvil, tampoco era/es muy recomendable, pero bueno, consiguieron llegar allí, vieron a la abuela materna y otros parientes, vieron a la familia del padre, que son casi vecinos, y mi amiga logró, tras mucho estrés de ventanillas y papeleos, unos pasaportes en regla. Los niños cuentan que estaban felices de pasar todo el día rodeados de gente que los mimaba, claro, y la madre se alegró de poder entregar los medicamentos que allí no encuentran o cuestan demasiado.
Tres días antes de su regreso cayó una bomba en su calle y rompió los cristales de esa fachada. Afortunadamente se encontraban todos en el lado del patio y no hubo heridos. Mi amiga considera el ataque como una señal del cielo para que regresara a Alemania.
No voy a decir más.
El regreso de ellos tuvo lugar mientras yo volaba hacia España, pues también me gusta ver a mi familia de vez en cuando, al menos a una parte, porque mi marido seguía muy pendiente de las restricciones por la pandemia, no fuéramos a terminar en cuarentena allí, o al regreso a casa. Así que no he podido ver a los sirios durante varias semanas y sólo ayer me he enterado de sus peripecias.

Me acerqué a saludarles “brevemente”, ya se sabe, y resultó que este año la madre había ido valientemente ella sola a la papelería a comprar el material escolar, sin esperar a que yo la acompañara como el año anterior. Ejem, en realidad le dio la lista a la vendedora, esperó a que ésta lo buscara todo, y lo pagó. Debió ser una factura monstruosamente alta, porque no tuvo en cuenta que ya tiene en casa el material de los cursos pasados, y siempre hay cosas reutilizables o que pueden pasar de un niño al siguiente. Es tan sencillo como no comprar cada vez una caja entera de acuarelas de 20€, sino sólo el color rojo que se ha gastado, 1.20€. Multiplicado por cuatro se nota aún más.
Pero su mayor problema sigue siendo: que no es capaz de controlar la lista ella misma, porque le da pereza leer y porque no se ha aprendido los nombres de los artículos, aunque ha tenido un año entero. Así tiene que seguir fiándose de lo que la vendedora ponga en la cesta – o pedirme a mí que lo revise.
Casi dos horas estuve allí, muy entretenida, y al final conseguí un montoncito interesante de cosas que puede devolver, si no ha perdido el tique de caja.

Como siempre, es difícil irse de Siria sin haber comido algo. Esta vez eran berenjenas makdús (en aceite y rellenas de nueces y pimientos, podéis encontrarlas en internet con la grafía inglesa makdous) y berenjenas dulces (las que eran demasiado pequeñas para rellenar, simplemente metidas en agua con miel, y con las nueces flotando alrededor), más una caja de dulces traídos de Dar’a en agradecimiento a mi ayuda con los formularios de entrada (Covid-19) y salida de Alemania (en el último minuto se les ocurrió que, como en España, la madre tiene un apellido diferente que los niños y convendría rellenar un documento donde el padre autoriza el viaje, confirmando que no se trata de un secuestro).

Y el domingo estamos todos invitados a comer. Comer o más bien cenar. No sé, porque es a las 5 de la tarde, que es demasiado tarde para un almuerzo español y demasiado temprano para una cena alemana, pero en cualquier caso nos van a cebar como si fuéramos cerdos, eso sí lo sé.
Mis hijos ya han comenzado a buscar excusas.

El viaje imaginario

Mardi, 14 avril 2020
Lo mejor de hacer las maletas para partir en un viaje imaginario es que no pesan nada y cabe absolutamente todo. Esta vez no me preocupa el pronóstico del tiempo, puedo llevar todo tipo de chaquetas y calzado para cambiarme a conveniencia – y también puedo imaginarme directamente el tiempo que más me apetezca, por ejemplo: sol radiante y brisa fresca.

La lectura para el trayecto en tren (durante la pandemia también hay que cuidar el medio ambiente, por eso vamos en tren y nuestras botellas de agua son de aluminio) se compone de algunos de mis autores franceses favoritos (aunque la mayoría los he leído en alemán): Zola, Saint-Exupéry, Annie Ernaux, Pierre Lemaitre, Françoise Lelord, Philippe Claudel, Anna Gavalda, Philippe Djian y, por supuesto, Éric-Emmanuel Schmitt con su genial “Ulises from Bagdad”.
También llevo conmigo, sacado de la biblioteca de la universidad, el primer libro que he leído completamente en francés: “Persépolis”, de la iraní Marjane Satrapi. Claro que tiene truco, porque es una novela gráfica 😀

El tren de alta velocidad es cómodo, no traquetea, sino que fluye tranquilamente, como el río Rin, y así los minutos vuelan entre la lectura y la observación del paisaje. Voy canturreando mis canciones francesas favoritas: “Je veux” de ZAZ, “Dernière Danse” de Indila, “Moi… Lolita” de Alizée y, claro, “Voyage, voyage” de Desireless.

Como no hay que parar en la frontera, el primer contacto con la Alsacia es el Flammkuchen del almuerzo. Hm, delicioso a pesar de ser “del bistró del tren”. A media tarde llegamos a nuestro primer destino, dejamos las maletas en el hotel y salimos a descubrir la ciudad. Después de tantas horas en el tren se agradece el paseo. Creo que me voy a animar a subir a la torre de la catedral.

Mercredi, 15 avril
Cuando yo vivía en Madrid era una española rara, con una influencia alemana fuerte, y ahora soy una alemana rara, no puedo negar mi inclinación latina. En cualquier caso siempre he sido una europea estupenda y por eso me alegro enormemente de pasear por esta ciudad: Estrasburgo, una ciudad que ha sido alternativamente alemana y francesa, y que en estos momentos puede considerarse la capital de Europa.

La catedral, el palacio Rohan, el Parlamento Europeo, el paseo en barco y las visitas a los museos, todo eso podéis imaginároslo vosotros mismos con ayuda de las fotos que hay en internet. Yo voy a coger el tranvía para ir a la parada Hœnheim Gare y echar una mirada rápida al diseño de la arquitecta irakí Zaha Hadid que le valió el premio Mies-van-der-Rohe. Hm, hm, qué bien que sólo me ha costado un par de segundos…

Mientras tanto mi marido anda como loco imaginando un restaurante donde comer caracoles. Los probó por primera vez cuando estuvo trabajando en Madrid y le encantan. Yo estoy viendo que descifrar la carta del menú no siempre es tan sencillo. A ver: Rognons de veau déglacés au cognac avec pommes de terre sautées, râble de lapin rôti avec frite de polenta, onglet à l’échalote mariné au sésame avec frites fraiches

Al final me decanto por cosas más sencillas, porque el restaurante es imaginario, pero nuestra hambre no y ya sabéis que los experimentos culinarios no son mi fuerte. Al mediodía toca le gratin de spätzle au munster y por la noche une salade alsacienne: cervelas, gruyère, oeuf dur.

Jeudi, 16 avril
Hoy hemos llegado a nuestro segundo destino, que también es Patrimonio de la Humanidad: Besançon, la ciudad más verde de Francia, lugar de nacimiento de Víctor Hugo.

La atracción principal es la magnífica ciudadela, cuya primera piedra se puso en 1668, momento en que la ciudad no era oficialmente francesa, sino que se encontraba bajo control de la corona española, después de haber sido durante bastante tiempo ciudad libre dependiente del Sacro Imperio Romano Germánico. Muy multikulti 🙂

Para imaginarnos de manera fidedigna la ciudadela y todos los bastiones defensivos de la ciudad, decidimos echar una partida al juego de mesa “Carcassonne”. Hala, a construir ciudades amuralladas y castillos.

Esta vez regreso al hotel totalmente agotada, pero feliz. Besançon me ha gustado muchísmo, me alegraré de poder regresar algún día en un viaje real. Pero ahora ya tengo ganas de subirme de nuevo al tren. Mañana por fin llegaremos al destino final: la casa rural donde se alojan mis amigos Pilar y Michiel, que son arqueólogos y están excavando imaginariamente cerca de la frontera suiza ¡Cómo me alegro de volver a verlos! Va a ser un fin de semana estupendo.

¿Y vosotros a dónde váis en vuestras vacaciones imaginarias?

Carcassonne