Moria – moría

Se detecta el primer infectado por virus Corona en el campamento de refugiados de la isla griega de Lesbos.

9.9.2020 Actualización:

Anoche se produjo un incendio en el campamento y todavía no ha sido posible controlarlo. ¿Qué será lo siguiente?

Extranjeros y cuarentena

En este verano de pandemia parece que no hubiera otras noticias por el mundo que la propagación del virus. Es el tema principal de nuestra conversación, al aire libre, a distancia y con mascarilla, con los vecinos de nuestra residencia de vacaciones, a las afueras de un pueblito de Castilla-León, España – país que fue declarado zona de riesgo por el gobierno alemán el mismo día en que nosotros aterrizábamos allí.

Los vecinos de las cinco casas que nos rodean son jubilados hambrientos de compañía y conversación, que no piensan regresar a sus domicilios de la peligrosa Madrid hasta que el frío del invierno les obligue. Si mi ahijado afgano los viera, me comentaría inmediatamente lo triste que es para él que en Europa las personas mayores vivan solas o en residencias, en lugar de estar con sus hijos y nietos. Al menos mis vecinos aún viven en parejas, no como los dos ancianos alemanes que le han abordado a él en el parque de las cercanías de la estación. Tan solitarios y desamparados se sentían aquellos hombres, que uno hasta le invitó a ir a vivir a su casa, simplemente porque Jakob tuvo la paciencia de escuchar sus lamentos durante un cuarto de hora.

Charlamos, pues, sobre la pandemia y mi marido comenta que el pasado día 19 el Instituto Robert Koch anunció que el mayor repunte de casos de covid-19 entre los viajeros que regresan a Alemania de sus vacaciones no viene (aún) de Francia, Italia ni España, sino de los países del sureste europeo: Croacia, Kósovo, Bulgaria y Turquía. Alguien del grupo aventura que, claro, turcos y kosovares son musulmanes y es una cuestión cultural, pues son países donde el contacto social, los encuentros familiares (y el propio tamaño de las familias) son más importantes que las medidas de distanciamiento. Me sorprende que olviden cómo eran todavía las familias en España hace cuarenta años, cómo reaccionan ellos cuando sus hijos por fin les visitan y cúanto echan de menos el contacto frecuente con sus nietos.

Yo no soy musulmana ni del sureste, sino del suroeste, pero si sólo puedo ver a mi familia una vez al año, es comprensible que, después de la vacilación inicial por el recuerdo de las horribles imágenes de los ataudes acumulándose en el Palacio de Hielo de Madrid (la pista de patinaje donde esperaban turno para ser enterrados), me haya lanzado al cuello de mi padre para llenarlo de besos, incumpliendo todas las recomendaciones. Hemos procurado ser cuidadosos, minimizando los contactos antes de volar con mascarillas de calidad, y en el pueblo sólo hemos estado con él y su mujer (es que soy huérfana de madre, pero no sintáis lástima, aunque sí os recomiendo acudir regularmente a los controles contra el cáncer, con pandemia o sin ella). Este verano no ha habido paella en el jardín con mi tíos y primos paternos, no ha habido café, helado y charla artístico-política con mis tíos y primos maternos, no ha habido quedada con los amigos de Madrid para que nuestros hijos adolescentes confraternicen. Hemos estado dos semanas solitos en el campo, hablando a distancia con estos vecinos.

Nos preguntan entonces cuál es la proporción de extranjeros en Alemania, por lo de los que regresan infectados de Turquía y Kósovo, y mi marido y yo nos miramos, riendo bajo las mascarillas. Yo explico: en nuestro núcleo familiar de 4 personas ya no hay extranjeros, todos tenemos la nacionalidad alemana. Después él aclara que al mismo tiempo en nuestro núcleo familiar hay 3 personas con “trasfondo de migración” (Migrationshintergrund), que son los que tienen al menos un progenitor (Elternteil) que nació extranjero.

Saludos desde la cuarentena de regreso de vacaciones, que afortunadamente no será de cuarenta días, sino sólo de catorce 😀

 

El viaje imaginario

Mardi, 14 avril 2020
Lo mejor de hacer las maletas para partir en un viaje imaginario es que no pesan nada y cabe absolutamente todo. Esta vez no me preocupa el pronóstico del tiempo, puedo llevar todo tipo de chaquetas y calzado para cambiarme a conveniencia – y también puedo imaginarme directamente el tiempo que más me apetezca, por ejemplo: sol radiante y brisa fresca.

La lectura para el trayecto en tren (durante la pandemia también hay que cuidar el medio ambiente, por eso vamos en tren y nuestras botellas de agua son de aluminio) se compone de algunos de mis autores franceses favoritos (aunque la mayoría los he leído en alemán): Zola, Saint-Exupéry, Annie Ernaux, Pierre Lemaitre, Françoise Lelord, Philippe Claudel, Anna Gavalda, Philippe Djian y, por supuesto, Éric-Emmanuel Schmitt con su genial “Ulises from Bagdad”.
También llevo conmigo, sacado de la biblioteca de la universidad, el primer libro que he leído completamente en francés: “Persépolis”, de la iraní Marjane Satrapi. Claro que tiene truco, porque es una novela gráfica 😀

El tren de alta velocidad es cómodo, no traquetea, sino que fluye tranquilamente, como el río Rin, y así los minutos vuelan entre la lectura y la observación del paisaje. Voy canturreando mis canciones francesas favoritas: “Je veux” de ZAZ, “Dernière Danse” de Indila, “Moi… Lolita” de Alizée y, claro, “Voyage, voyage” de Desireless.

Como no hay que parar en la frontera, el primer contacto con la Alsacia es el Flammkuchen del almuerzo. Hm, delicioso a pesar de ser “del bistró del tren”. A media tarde llegamos a nuestro primer destino, dejamos las maletas en el hotel y salimos a descubrir la ciudad. Después de tantas horas en el tren se agradece el paseo. Creo que me voy a animar a subir a la torre de la catedral.

Mercredi, 15 avril
Cuando yo vivía en Madrid era una española rara, con una influencia alemana fuerte, y ahora soy una alemana rara, no puedo negar mi inclinación latina. En cualquier caso siempre he sido una europea estupenda y por eso me alegro enormemente de pasear por esta ciudad: Estrasburgo, una ciudad que ha sido alternativamente alemana y francesa, y que en estos momentos puede considerarse la capital de Europa.

La catedral, el palacio Rohan, el Parlamento Europeo, el paseo en barco y las visitas a los museos, todo eso podéis imaginároslo vosotros mismos con ayuda de las fotos que hay en internet. Yo voy a coger el tranvía para ir a la parada Hœnheim Gare y echar una mirada rápida al diseño de la arquitecta irakí Zaha Hadid que le valió el premio Mies-van-der-Rohe. Hm, hm, qué bien que sólo me ha costado un par de segundos…

Mientras tanto mi marido anda como loco imaginando un restaurante donde comer caracoles. Los probó por primera vez cuando estuvo trabajando en Madrid y le encantan. Yo estoy viendo que descifrar la carta del menú no siempre es tan sencillo. A ver: Rognons de veau déglacés au cognac avec pommes de terre sautées, râble de lapin rôti avec frite de polenta, onglet à l’échalote mariné au sésame avec frites fraiches

Al final me decanto por cosas más sencillas, porque el restaurante es imaginario, pero nuestra hambre no y ya sabéis que los experimentos culinarios no son mi fuerte. Al mediodía toca le gratin de spätzle au munster y por la noche une salade alsacienne: cervelas, gruyère, oeuf dur.

Jeudi, 16 avril
Hoy hemos llegado a nuestro segundo destino, que también es Patrimonio de la Humanidad: Besançon, la ciudad más verde de Francia, lugar de nacimiento de Víctor Hugo.

La atracción principal es la magnífica ciudadela, cuya primera piedra se puso en 1668, momento en que la ciudad no era oficialmente francesa, sino que se encontraba bajo control de la corona española, después de haber sido durante bastante tiempo ciudad libre dependiente del Sacro Imperio Romano Germánico. Muy multikulti 🙂

Para imaginarnos de manera fidedigna la ciudadela y todos los bastiones defensivos de la ciudad, decidimos echar una partida al juego de mesa “Carcassonne”. Hala, a construir ciudades amuralladas y castillos.

Esta vez regreso al hotel totalmente agotada, pero feliz. Besançon me ha gustado muchísmo, me alegraré de poder regresar algún día en un viaje real. Pero ahora ya tengo ganas de subirme de nuevo al tren. Mañana por fin llegaremos al destino final: la casa rural donde se alojan mis amigos Pilar y Michiel, que son arqueólogos y están excavando imaginariamente cerca de la frontera suiza ¡Cómo me alegro de volver a verlos! Va a ser un fin de semana estupendo.

¿Y vosotros a dónde váis en vuestras vacaciones imaginarias?

Carcassonne