La cocina en tiempos de confinamiento

Me esfuerzo, me estoy esforzando, de verdad, pero no me funciona.

El viernes quería cocinar patatas asadas, eso es teóricamente sencillo. Pero las patatas que normalmente tengo en casa son del tipo firme, que son las que yo uso para mi tortilla española. De todos modos probé a asarlas…, pero ellas permanecieron bien firmes, es decir, me quedaron un poco duras. Entonces compré patatas harinosas para hacer el lunes un gratinado con puerros y mucho queso. Estas patatas eran tan pequeñas que tardé una eternidad en pelarlas y laminarlas y entonces, por lo visto, no estuvieron suficiente tiempo en el horno. Quedaron un poco enteras…

Decidí cambiar de ingredientes: Rouladen (rollos de ternera rellenos con jamón curado y cebolla) con pasta. Los he hecho cien veces con la receta de mi suegra. Esta vez los dejé bastante tiempo (¡para que no estuvieran duros como las patatas!). Pero el agua de la olla era quizás un poco escasa y comenzaron a quemarse…

Me esfuerzo, yo me esfuerzo, os lo juro, pero no hay manera… ¡ni uno solo de mis tres hombres se ha dignado decirme: «mañana te ayudo con la comida» ni «déjalo, ya cocinamos nosotros mismos»!

Hoy voy a quemar la pizza y dejar semicrudo el pescado. A ver si por fin reaccionan.

Y el caso es que conozco hombres a los que les encanta que cocinemos juntos, como por ejemplo mi ahijado afgano. Él me deja que le ayude a pelar, trocear y remover, y algunas veces hasta tengo su permiso para empezar a freír algo. Claro que, después de tres intentos míos de hacerle torta de cardamomo, me ha dado las gracias y me ha dicho que ya la hará él mismo cuando tenga un piso con horno. Es que yo no sé darle el auténtico toque afgano, lo comprendo.

Durante las vacaciones de verano cocino con mi hermano y lo pasamos muy bien haciendo experimentos culinarios multiculturales. Mi hermano vive desde hace años en el sudeste asiático, alternando Indonesia, Tailandia y Vietnam, que es donde está ahora. Allí no cocina, al igual que el 80% de la población: lo normal es comprar la comida lista en algún puesto callejero. Un almuerzo típico puede ser un primer plato de sopa de verduras, y luego arroz acompañado de costillas de cerdo en salsa dulce, o cerdo con coco, más rollitos vietnamitas, o rollitos de hojas de parra, con sus verduritas salteadas… y todo aderezado con un puñadito de cacahuetes.

En tiempos de confinamiento los vietnamitas también se ven obligados a cocinar ellos mismos por el cierre de los negocios. La familia con la que vive mi hermano preparó ayer un buen perolo de arroz blanco… con col hervida bastante sosa y unas vísceras «cocinadas en su propio jugo». Sobró para comer hoy también, y, quizás, con mala suerte, mañana.

Feliz 1 de abril y que os aproveche.

P.S.: Aquí os dejo una foto de mi hermano que testifica que los vietnamitas comen las guavas acompañadas de polvos para sopa 🙂

guayaba_polvos

2 comentarios

  1. descatalogado · abril 2, 2020

    Hoy hemos comido lengua 😝

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