Tirando del hilo

Se dice que un escritor siempre debe saber tres veces más sobre el tema del que escribe, que lo que va a llegar a conocer el lector en la versión final. Por eso el escritor debe ser curioso e investigar mucho, y conocer el trasfondo familiar de su personajes, aunque no lo vaya a mencionar ni de refilón. Cuando a un escritor le cuentan una historia interesante, siempre quiere saber detalles, tira del hilo para enterarse mejor, por si un día tuviera que utilizar lo que está escuchando.

Mi ahijado afgano: Tengo mucho estrés.
Yo: A ver, cuéntame.
Él: La policía turca ha vuelto a coger a mi hermano y esta vez, en lugar de empujarlo a la frontera iraní, lo han devuelto a Kabul.
Yo: ¡Madre del amor hermoso! ¿Entonces está otra vez escondido en casa de tu tío y tú has pagado más de 5.000€ por esta aventura infructuosa que ha durado nueve meses?
Él: Bueno… No es exactamente la casa de mi tío.
Yo (tirando del hilo): Me dijiste que tu madre, tus hermanos y tu cuñada viuda con el niño vivían todos hacinados en casa de tu tío, hermano de tu madre.
Él: Sí, pero el hijo mayor de mi tío se ha casado y ya no cabían. Por eso he alquilado la parte de atrás de la casa, que es del vecino. Ahora mi familia está en el otro lado de la casa.
Yo: ¿Tu primo se ha casado ahora que no hay trabajo ni dinero para nadie?
Él: Es que el año pasado él todavía era policía en Kabul cuando se prometió e hizo la fiesta de compromiso. Y si estás prometido, tienes que hacer muchos regalos a la familia de la novia, y eso es muy caro, es mejor casarse del todo y dejar de hacer regalos.
Yo: ¿Y ahora tú tienes que mantener a la familia de tu tío, además de pagar el alquiler de tu familia?
Él: No, bueno, mi tío todavía tiene sus manzanos, pueden ir viviendo sin mi ayuda, y el alquiler de mi familia solo son 100€ al mes, eso no es problema.
Yo (con el hilo en tensión): Me estabas hablando de tu estrés.
Él: Es que todavía no me han llegado los papeles para solicitar la nacionalización y necesito hacerme cuando antes el pasaporte alemán.
Yo: Pero no te agobies, hombre, que yo hablé ayer con la oficina de extranjería y tus papeles están en regla, solo es que en estos momentos tienen mucha demanda y no pueden darte cita hasta dentro de tres o cuatro meses. Pero estás en lista de espera y hay tiempo suficiente antes de que se caduque tu permiso de residencia. ¿Por qué tienes tanta prisa?
Él: Por mis esponsales…
Yo: ¡Ah! ¿Es que tu madre cree que ahora que ya no hay que pagar el viaje de tu hermano, tienes que empezar a pagar regalos a la familia de una prometida?
Él: Y una fiesta también, que será esta semana o la siguiente.
Yo (enredada con el hilo, a punto de estrangularme): Ahhhhhhh…
Él: Pero podemos dejar la fecha del documento sin rellenar hasta que yo tenga el pasaporte alemán.
Yo (tratando de ordenar el hilo otra vez): ¡No se te ocurra formalizar una boda, por poderes ni de ninguna manera, hasta ser alemán!
Él: No, no, no es la boda, son los esponsales, estoy oficialmente prometido. La boda será más tarde, si consigo volar allí con el pasaporte alemán.
Yo: ¡Qué ganas de gastar dinero tenéis en vuestra familia! Felicidades, hombre, felicidades. ¿Cómo se llama la afortunada?
Él: Pues se pronuncia Mehriá, pero hasta que no se haga el pasaporte no podemos saber cómo lo escriben en este alfabeto, ya sabes el cambio de letras que hicieron con mi nombre.
Yo: ¿Y la conoces de vuestra infancia?
Él: Sí, bueno, un poco. Ya sabes que nuestras familias todas están emparentadas en cierto grado y hemos ido juntos a las fiestas de pequeños. Bueno, y sus padres me han dejado hablar por teléfono con ella unos minutos.
Yo: ¿Y estás contento?
Él: ¡Mucho! ¡No puedes imaginar la cara de felicidad que tenía mi madre en Skype! Estoy muy contento, a pesar del estrés.
Yo: ¿Y tu hermano no volverá a dar problemas, intentando huir? ¿No te guardará rencor por haberlo logrado tú y ahora incluso estar prometido, mientras él no tiene nada?
Él: Con las palizas que le han dado por el camino, no, no tiene ganas de volver a intentarlo, y sabe que yo le he apoyado todos estos meses, pero que es demasiado difícil, no es culpa mía.
Yo (tejiendo una bufanda con el hilo, para cuando llegue este invierno sin gas): Pues venga, no te estreses tanto, ya veremos poco a poco cómo conseguimos dinero para todo eso, y hay que confiar en que la nacionalización va a funcionar en unos meses.
Él: Me alegro de haber hablado contigo, ya me siento mejor.
Por supuesto no le digo que ahora soy yo la que tiene estrés.

El resto de la madeja:
La teoría dice que en Afganistán, a partir de la adolescencia, los hombres no deben mirar a la cara o dirigir la palabra a una mujer que no es de su familia, para que nadie piense que le hablan con intención de camelársela. Así que los novios de familias tradicionales no se conocen antes del compromiso. La madre del novio busca una candidata que le guste a ella, puesto que tras la boda las mujeres tienen que vivir juntas y aguantarse. En general se selecciona entre las familias con las que se está emparentado ya de alguna manera.

Cuando los padres de la novia aceptan al pretendiente, hay que hacer oficial el compromiso, de ahí la primera fiesta, a la que acuden las dos familias, esas de límites indefinidos. Entonces el novio debe hacer periódicamente regalos a la novia y su familia, entre ellos las joyas que lucirá en la boda. Así demuestra su solvencia.

Después de siete años de su huida, la madre de Jakob tiene prisa por casarlo, porque está enferma del corazón y tiene miedo de morirse antes. La fiesta de esponsales la hacen ahora en su ausencia, por poderes: su tío pasa a ser el responsable y protector de la prometida, hasta que él pueda viajar a Afganistán para la boda. Si a pesar del pasaporte alemán no le fuera posible entrar al país, se haría la boda también por poderes y él recogería a su mujer en la frontera de Pakistán o Irán. En cualquier caso la boda es una fiesta en la que prácticamente participa todo el barrio del novio y todo el de la novia, para no ofender a nadie. Vamos, que los 5.000€ que se han llevado los traficantes de personas habrían estado mejor empleados en este fin.

Y no. Cuando tienes una vida de mierda como la de los afganos, no puedes casarte de tapadillo para ahorrarte el dinero. La boda será el único evento memorable de tu vida. Y a tu madre la matas del disgusto.

4 comentarios

  1. Joiel · agosto 7

    Menudo muñeco de trapo has creado con el hilo, que es rojo pero también negro y amarillo. Me parece muy sano lo de no mirar a la cara de las mujeres, pues así se evita la lujuria, el deseo, las bodas, pecados muy malos que trastornan al hombre de corazón puro. Espero que a Jakob y al muñeco de trapo les vaya bien, ya nos contarás, si la madeja te lo permite.

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  2. beauseant · agosto 7

    Es lo de malo de tirar del hilo, mis gatas bien lo saben, y es que puedes acabar ahogándote en la maraña 🙂 Un escritor debe saber todas esas cosas, a mi me ha dado dolor de cabeza tantos condicionantes. Creo que no me habría casado sólo por no tener que aprenderme todo eso 🙂

    Le gusta a 1 persona

    • karenmparamio · agosto 7

      Seguiremos luchando con la burocracia hasta conseguir traer a su mujer, rendirse no es una opción

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