Se acerca el invierno

Es martes y mis hijos no vendrán a comer porque tienen clase por la tarde. He quedado en llevarle a Jakob su ropa limpia (no tiene lavadora) y almorzar juntos. Anoche me preguntó qué quería que me cocinara. “Garbanzos”, le dije, “que mi hijo menor no los come y por eso no los cocino casi nunca.”
Voy para allá relamiéndome, cuando recibo un e-mail que dice que el tipo que ofrecía a Jakob unas practicas en una tienda de alimentación, se ha rajado. Mierda, mierda, mierda. Decido no decirle nada al chaval hasta que pase el examen de alemán del viernes.
Así que pongo mi mejor sonrisa, alabo el delicioso olor que sale de su olla, le doy la ropa y nos sentamos delante de sendos platos rebosantes de garbanzos guisados con trozos de pechuga de pollo. A mí se me hace la boca agua.
Quizás conocéis esa escena de la película “Ratatouille” (Disney) cuando el crítico gastronómico prueba una pinchada y se siente transportado a su infancia. Pues yo igual: suspiro y le digo a Jakob que esos son los mejores garbanzos de mi vida.
Entonces él me cuenta esta historia:

“En el tiempo en que yo trabajo en un supermercado en Kabul y gano suficiente dinero, un amigo me dice que en su pueblo hay una familia que no tiene dinero para comprar comida para el invierno. Yo empiezo a pensar y entonces decido comprar algunas cosas para esa familia.
Mi amigo tiene un coche pequeño, y yo compro comida y ropa de invierno y lleno todo el coche. Entonces vamos a su pueblo y hablo con el padre de la familia. Yo digo que soy tal y tal y traigo cosas en el coche para su familia. Yo gasto el dinero que gano en un mes de trabajo, pero con eso la familia tiene comida y ropa todo el invierno. El hombre ríe y llora, todo junto, y nosotros ponemos las cosas en la casa.
Después me quiero ir a mi trabajo, pero el padre no quiere, me dice que tengo que comer allí con ellos. Para comer ese día sólo hay patatas cocidas, pero yo las veo y huelo y quiero tener el plato lleno. Las como y son las mejores patatas de toda mi vida, y yo lo digo al hombre.”

Jakob tiene una sonrisa de oreja a oreja, está pensando en aquella familia y sus deliciosas patatas. Entonces ve que a mí me están cayendo las lágrimas en el plato de garbanzos. Jakob habría sido un empleado excelente en la tienda de alimentación, habría mimado las cajas de frutas y verduras, habría encandilado a los compradores con su simpatía… pero tiene una mala suerte que no se merece.

Como no quiero darle aún la mala noticia, sonrío y le digo que conozco una familia que está refugiada ahora en un suburbio de Kabul, sin ingresos, y no tiene dinero para comprar ropa de invierno a los niños, y que a mí me gustaría mandarles algo. Él se da por satisfecho con mi explicación, me da las gracias y seguimos comiendo.

El invierno se acerca y, por desgracia, parece que ya ha llegado al corazón de ciertas personas. Si es que Herr U. me recordaba a alguien…

winter_is_coming

Un comentario

  1. wakeupmowa · octubre 13, 2017

    Karen… pocas personas tienen un corazón tan grande como el tuyo¡…. seguro que tu madre (mi prima Cleofé) te dejó en herencia parte del suyo¡¡¡¡¡ (un abrazo enorme desde Guadarrama) … y hasta aquí también ha llegado ese olor al guiso de garbanzos con pollo.

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